Recrear los circuitos fronterizos. Experiencias de mujeres paraguayas en tres nichos comerciales de la Triple-frontera del Paraná

Recreating Border Circuits. The Experience of Paraguayan Women in Three Commercial Niches on the Paraná Tri-Border-Area

Fecha recepción: mayo 2021 / fecha aceptación: junio 2021

Menara Guizardi1, Esteban Nazal2, Lina Magalhaes3 y Carolina Stefoni4

DOI: https://doi.org/10.51188/rrts.num25.494

Licencia CC BY 4.0.

Resumen

El presente trabajo deriva de un estudio de caso etnográfico que analiza las experiencias de inserción laboral de 30 mujeres paraguayas en la Triple-frontera del Paraná (entre Argentina, Brasil y Paraguay). Mostraremos porqué el comercio significa una salida laboral central para las entrevistadas, permitiéndoles estrategias de conciliación de las sobrecargas productivas y reproductivas. Finalizamos con reflexiones analíticas que abordan las estrategias y nuevos circuitos comerciales desarrollados por las mujeres en esta zona fronteriza.

Palabras clave: Comercio; frontera; género; etnografía; trabajo femenino; Triple frontera del Paraná

 

 

Abstract

The present work derives from an ethnographic case study that analyzes the experiences of labor insertion of 30 Paraguayan women in the Paraná Tri-Border-Area (between Argentina, Brazil, and Paraguay). We will show how trade is a central labor niche for the interviewees, which allows them to develop strategies to reconcile their productive and reproductive overloads. We end with analytical reflections that address the strategies and new commercial circuits developed by women in this border area.

Keywords: Trade; border; gender; ethnography; women’s work; Paraná Tri-Border-Area

 

Introducción

En las ciencias sociales latinoamericanas, el interés por los territorios fronterizos se potenció en los noventa, con estudios sobre la frontera México-Estados Unidos (Grimson, 2005). Estos trabajos visibilizaron que las desigualdades sociales, asimetrías de poder, conflictos identitarios y heterogeneidades culturales aparecen de forma concentrada en las zonas fronterizas (Garduño, 2003, p. 80). Estas serían, consecuentemente, zonas de negociación de procesos políticos e identidades culturales (Álvarez, 1995, p. 450); la de género entre ellas.

Desde entonces, diversos/as autores/as profundizaron en el análisis de las experiencias transfronterizas femeninas (Monárrez, 2013; Woo, 2004), comprendiéndolas como enmarcadas por dinámicas económicas y comerciales multiescalares: que involucran procesos locales, regionales, nacionales y globales. Según Sassen (Sassen, 2003, p. 31), los procesos transnacionales desde la globalización se caracterizan por vincular y magnificar las desigualdades históricas de género, de clase y de discriminación racial que permean los Estados-nación. Estos procesos configuran, así, circuitos económicos transfronterizos altamente rentables, que generan beneficios por exponer ciertos grupos sociales a condiciones desventajosas (Sassen, 2003, p. 43).

La comprensión del papel de la interseccionalidad entre género, nacionalidad y adscripción étnico-racial como determinante en la explotación de personas en el marco de los circuitos transfronterizos fue paralela a la constatación progresiva de las violencias sufridas por mujeres en las fronteras, en general, y en la frontera mexicano-estadounidense, en particular (Pickering, 2011, p. 109-10). Pero los estudios desarrollados en las zonas fronterizas sudamericanas solo empezaron a incluir una perspectiva de género para observar a las economías y circuitos económicos fronterizos desde 2000. Viteri et al. (Viteri et al., 2017), por ejemplo, comparan los mercados (i)legales caracterizados por la trata de personas y el tráfico de migrantes en las zonas fronterizas de diversos países sudamericanos. Analizan las movilidades femeninas transfronterizas enfatizando las múltiples formas de explotación que las mujeres padecen. Así, identifican dinámicas y relaciones de poder que permiten comprender, en cada contexto fronterizo, la reproducción y/o ruptura de los estereotipos y mandatos de género (Viteri et al., 2017, p. 16).

El presente trabajo suscribe a esta línea analítica. Buscamos reconstruir, a través del relato de 30 mujeres paraguayas, sus experiencias de inserción comercial en la Triple-frontera del Paraná, territorio de intenso flujo humano y de mercancía, en la confluencia de Argentina, Brasil y Paraguay. Nuestro objetivo es doble. Por un lado, caracterizar qué funcionalidades esta inserción cumple para ellas: por otro, mostraremos cómo ellas desarrollan estrategias comerciales para hacer frente a la desaceleración del circuito comercial que caracterizó esta triple-frontera entre 1990 y 2004, denominado en la literatura como “el circuito sacoleiro” (Cardin, 2012). Así, describiremos tres nichos de inserción comercial de mujeres paraguayas que constituyen una reconfiguración postcrisis de las articulaciones comerciales de la frontera.

Partiremos por caracterizar, en el segundo apartado, el contexto de la Triple-frontera del Paraná, describiendo los antecedentes teóricos sobre la relación entre el circuito sacoleiro y la experiencia de las mujeres fronterizas en esta región. En el tercero, explicitamos la metodología del estudio de caso. Los apartados 4, 5, 6 y 7 discuten los datos empíricos del estudio. Pero el cuarto sitúa los marcos más generales de estos hallazgos. En él, mostramos porqué el comercio significa una salida laboral central para nuestras entrevistadas y su funcionalidad para la conciliación de las sobrecargas productivas-reproductivas femeninas. Los apartados cinco, seis y siete continúan los análisis iniciados en el cuatro, pero desglosando la interpretación de los hallazgos en diferentes ejes interpretativos. Así, describen tres nichos de inserción comercial femenina paraguaya: en los puestos callejeros del lado paraguayo; en tiendas o en puestos callejeros del lado brasileño y en el contrabando transfronterizo de productos agrícolas desde Brasil a Paraguay. Finalizamos con reflexiones que complementan los debates previos considerando las evidencias empíricas recopiladas.

 

Contexto y antecedentes teóricos

La zona fronteriza

La Triple-frontera del Paraná se sitúa en el encuentro de los ríos Iguazú y Paraná. Ostenta el mayor flujo humano (Albuquerque, 2008), de mercancías (Sausi y Odone, 2010) y de actividades ilícitas de Sudamérica (Cardin, 2012, p. 208)5. Su ámbito territorial está formado por seis municipios: Puerto Iguazú (Argentina); Foz de Iguazú (Brasil); Ciudad del Este, Presidente Franco, Hernandarias y Mingua Guazú (Paraguay) (Kleinschmitt, 2016, p. 41). Sumados, ellos contabilizan más de 800.000 personas (Kleinschmitt, 2016, p. 41) (Mapa 1).

 

Mapa 1.

La Triple-frontera del Paraná

mapa1art_06.png 

  1. Fuente: elaborado por Paulo Contreras Osses para el Proyecto Fondecyt 1190056.

 

Tres de estos seis municipios son especialmente relevantes, conformando una conurbación tri-fronteriza (Albuquerque, 2012). Puerto Iguazú, en Argentina, es el más chico. Fue fundado en 1902 y es parte del Departamento de Misiones (Renoldi, 2013). Su principal actividad es el turismo dirigido a las Cataratas del Iguazú. Desde 1985, está vinculado al lado brasileño a través del Puente de la Fraternidad6. Ciudad del Este, en Paraguay, fue fundada en 1957 a partir de un decreto presidencial (Lynn, 2008) y con la finalidad de servir de enganche territorial con Brasil. En los ochenta, fue convertida en Zona Franca, transformándose en un gran centro de comercio internacional (Cardin, 2012)7. Foz de Iguazú, en Brasil, se fundó en el siglo XIX como un asentamiento militar de pequeñas dimensiones (Renoldi, 2013). Su crecimiento poblacional y económico empezó a acelerarse en 1965 cuando, en concordancia con los proyectos desarrollistas realizados en la región, se construyó el Puente de la Amistad que conecta con Paraguay (Lynn, 2008)8.

El peculiar dinamismo de esta triple-frontera se caracteriza por circuitos de movilidad y de relaciones (económicas, sociales, culturales) que provocan que la vida cotidiana de quienes habitan en este territorio esté marcada por constantes cruce entre fronteras, entre ciudades (Cardin, 2012; Renoldi, 2013). Esta movilidad es más notoria entre el lado brasileño y el paraguayo: los habitantes refieren al límite entre estos países como una “frontera abierta”, dada la laxitud de las autoridades en la fiscalización del paso fronterizo. Esto no implica que los cruces entre Brasil y Argentina y entre esta última y Paraguay no sean intensos. Son, esto sí, mucho más controlados por las autoridades argentinas, mereciendo la denominación de “frontera cerrada”. Esta concentración de la intensidad del flujo fronterizo y comercial entre Brasil y Paraguay fue lo que nos inclinó a realizar las entrevistas centralmente entre estos países.

En la historia de esta frontera, el militarismo cumplió un papel fundamental: la adscripción de las tres ciudades a las soberanías de Argentina, Brasil y Paraguay deviene de procesos bélicos desencadenados por la Guerra del Paraguay (1864-1870). El conflicto enfrentó la Triple Alianza (Brasil, Argentina y Uruguay) al ejército paraguayo, motivado por intereses económicos y de determinación de los territorios, soberanías y fronteras (Ganson, 1990). La victoria de la Alianza alimentó de simbolismos militares y raciales la noción de las diferencias étnico-identitarias. Brasileños y argentinos proyectaron su victoria como prueba de una supuesta superioridad racial, moral y civilizatoria (Souchaud, 2011). Además, la guerra alteró profundamente la forma como las mujeres paraguayas vivieron tanto en el conflicto, como tras su término (Ganson, 1990): la construcción de las fronteras y poderes entre las tres naciones se confundió con la legitimación de una violencia histórica hacia ellas. La consideración de esta vulneración histórica es lo que nos inclina a centrar nuestro recorte de investigación prioritariamente en estas mujeres.

La frontera empezó a transformarse en una zona estratégica entre los setenta y ochenta (Albuquerque, 2012), con la construcción de la Hidroeléctrica Binacional de Itaipú (1975-1986), entre Brasil y Paraguay (Renoldi, 2013, p. 125). La obra fue promovida por los gobiernos militares de los dos países, vinculada a proyectos desarrollistas con impactos sociales sustantivos. La dinamización económica impulsada por Itaipú provocó un sostenido crecimiento demográfico en la triple-frontera (Lynn, 2008), pese a que el lado argentino permaneciera menos poblado por una decisión de los militares en la dictadura de Videla (1976-1981) (Grimson, 2002)9. No obstante, fue solo en los noventa que el área pasó a ser efectivamente entendida como una triple-frontera (Rabossi, 2004), con la firma del Mercado Común del Sur (Mercosur), en 199110.

Foz de Iguazú representó, para la dictadura militar brasileña (1964-1986), un territorio prioritario de despliegue del proyecto nacionalista de control territorial y del plan de hegemonía militar con los Estados vecinos (Ribeiro, 2006, p. 53; Sessi, 2015, p. 25). La construcción de las grandes obras por los militares, y entre ellas, la hidroeléctrica, enmarcó la formación de sendos complejos públicos brasileños: tanto referentes a las redes de carreteras, aeropuertos, como a los servicios públicos (escuelas, universidades y el principal hospital público de la región). Entre 1975 y 1986, mientras la hidroeléctrica estaba en construcción, Foz demandó mano de obra masculina en larga escala (Ribeiro, 2006; Sessi, 2015). Las labores de construcción emplearon continuamente a 40.000 trabajadores (mientras la población de Foz contabilizaba 20.000 personas) (Sessi, 2015). Los sueldos en Itaipú eran bastante elevados en comparación con el mercado laboral de otras ciudades, lo que atrajo una ingente migración interna proveniente de todo Brasil.

Con la conclusión de la construcción, en 1986, el mercado laboral en Foz perdió su mayor nicho de empleos. Trabajadores desocupados y sus familiares iniciaron, entonces, el contrabando a pequeña escala con Ciudad del Este, que estructuraba y expandía su zona franca. Entre 1986 y 2008, la noticia de las posibilidades de este contrabando se diseminó: Foz se convirtió en un centro de peregrinaje de compradores que pernoctaban del lado brasileño para comprar en Ciudad del Este y, luego, llevar estos productos a diversas regiones brasileñas. En este periodo, la ciudad entró al circuito internacional del narcotráfico, economía que reestructuró violentamente el entorno local (Kleinschmitt, 2016).

 

Perspectivas teóricas sobre el comercio en la Triple-frontera

La estructuración de estas redes comerciales alimentó debates teóricos importantes en las ciencias sociales regionales. Estudiando las articulaciones entre las diversas actividades económicas en la triple-frontera en inicios del siglo XXI, Cardin (Cardin, 2012), Renoldi (Renoldi, 2013, 2014) concluyen que, en ella, “agentes y emprendedores” establecían sus actividades traspasando el límite entre legalidad e ilegalidad (Renoldi, 2015, p. 418). Los sujetos y grupos ejecutan situacionalmente unas y otras; los espacios donde las actividades se desarrollan también son apropiados por unos y otros (Cardin, 2012; Kleinschmitt, 2016), provocando que las redes de comercio estén conectadas a las de actividades consideradas ilegales. Asimismo, las determinaciones formales de la distinción entre legalidad e ilegalidad variaron abruptamente de acuerdo con las lecturas e intereses de los Estados que en este territorio colindan (Renoldi, 2015). Al cambiar lógicas y definiciones jurídicas, los propios Estados terminaron ilegalizando prácticas comerciales y sociales de larga duración en este territorio (Cardin, 2012, p. 232). Dadas estas características, las relaciones económicas en esta frontera tienen la particularidad de desdibujar ciertas categorías analíticas, desafiando dialécticamente las dicotomías legal-ilegal; formal-informal; local-translocal; nacional-transnacional/transfronterizo (Cardin, 2012, p. 215). Consecuentemente, conviene comprenderlas a partir de la categoría “ilegalismos” (Renoldi, 2015, p. 419).

Los ilegalismos fronterizos son definidos por una doble dimensión. Por un lado, son “la combinación de acciones, objetos y decisiones que permiten esquivar el orden punitivo a partir de estrategias que no necesariamente están por fuera del dominio de los instrumentos legales” (Renoldi, 2015, p. 419). Pero, por otro, serían también:

Las prácticas que crean cierta autonomía en la tirantez explícita con los bienes jurídicos tutelados por la ley. Disputan así diferentes órdenes que pueden no responder a los modelos defendidos por el Estado de derecho y, sin embargo, se sostienen en las tramas de la administración estatal, aunque no siempre exista la conciencia de que tales prácticas son punibles (pues pasan como favores, cuando alguien que debería reprimir facilita ciertas iniciativas, o simplemente como emprendimientos rentables). (Renoldi, 2015, p. 420)

Todo esto tiene enorme implicancia para las mujeres paraguayas que desempeñan en el comercio en la triple-frontera. Según Barvinsk (Barvinsk, 2014), el área constituye una “zona de servicios” que emplea predominantemente la mano de obra femenina informal. En ella, los límites entre el comercio y el crimen se desdibujan frecuentemente: las mujeres se involucran en actividades del crimen organizado, exponiéndose a las redes de trata. Generalmente, ellas son cooptadas por un familiar, pareja, vecino o amigo cercano. Así, los límites entre violencia de género y lazo familiar o afectivo serían tan liminales en la vida de estas mujeres como el cruce entre legalidad e ilegalidad en el desempeño de las actividades comerciales y servicios fronterizos (Barvinsk, 2014, p. 75). Las paraguayas son mayoría en el comercio a la vez que son el blanco prioritario de las redes de trata (OIT, 2002; Zsögön, 2013).

A partir del auge del comercio en esta frontera (entre 1990-2004), estas actividades comerciales liminales devinieron cada vez más centrales, caracterizando relaciones, usos del espacio, articulaciones económicas, políticas y también institucionales entre los Estados colindantes. El comercio transfronterizo legal/ilegal se distendió, moviendo economías de pequeña, mediana y larga escalas (Cardin, 2012, p. 215). Ahora bien, la mayor parte de los/as autores/as describieron estas actividades observándolas con un sentido específico: vinculado a los desplazamientos de mercancía desde Ciudad del Este hacia diversos puntos del territorio brasileño; aunque entretejiéndose a través de redes de personas y grupos en los territorios de los tres países colindantes. Esta particular configuración del comercio de la triple-frontera fue denominada en la literatura como el “circuito sacoleiro” (Cardin, 2012).

Dicho circuito se articula como la red logística que permite la compra/venta, cruce fronterizo y distribución de mercancías disponibles en la zona franca de Ciudad del Este y está caracterizado por diversas funciones (Kleinschimitt, 2016). Según Cardin (Cardin, 2012, p. 213-214), entre ellas, las más conocidas serían: laranja11 o paseros (personas contratadas informalmente para cruzar la frontera desde Ciudad del Este a Foz con una cantidad de productos, cobrando un valor previamente acordado)12; los cigarreros (llevan exclusivamente cigarros de Ciudad del Este a Brasil); barqueros (transportan mercancías por el río Paraná) y, finalmente, los sacoleiros, que dan nombre al circuito, puesto que emplean a los demás. Estos últimos están encargados de realizar el transporte de mercancías desde Paraguay a Brasil, pero en escala empresarial, a través de empresas de importación/exportación que las distribuyen por el territorio brasileño.

Otra figura descripta por la literatura como parte de este circuito son las mujeres comerciantes paraguayas asentadas en las calles de Ciudad del Este. Como dilucidan Rabossi (Rabossi, 2011, p. 86) y Kleinschimitt (Kleinschimitt, 2016, p. 46), entre los noventa y los 2000, se establecieron puestos callejeros de venta sin autorización municipal en el lado paraguayo de la frontera. Quienes desempeñaban esta modalidad de venta se denominaban “mesiteros/as”13. Rabossi (Rabossi, 2011, p. 86) explicita que, cuando desarrolló su etnografía en Ciudad del Este, en 2001, habría cerca de 500 puestos de mesiteros/as con estructuras metálicas y un total de 3000 de estos/as trabajadores/as. Es decir, unas 2500 personas vendían en las mesitas sin contar con un espacio techado14. Relata, además, las presiones y complejidades políticas de la intervención de la administración municipal para establecer reglamentaciones de estos usos, en contra de intereses y lineamientos estipulados por el gobierno nacional paraguayo (Rabossi, 2011, p. 89-92). En este escenario, asociaciones y sindicatos de comerciantes ejercieron su presión para la reglamentación de este uso comercial callejero. Las descripciones de Rabossi (Rabossi, 2004) aluden a una importante presencia femenina entre mesiteros.

A partir de 2004, con la caída del poder adquisitivo de la moneda brasileña y la valorización de dólar en el mercado internacional, el comercio con Ciudad del Este se redujo. Autores como Rabossi (Rabossi 2011), Cardin (Cardin, 2012) y Renoldi (Renoldi, 2014) explicitan que el circuito sacoleiro entró en franca desaceleración en inicios del siglo XXI, como parte de una serie de transformaciones que resituaron el lugar de la triple-frontera en los ámbitos del comercio internacional. Esta desaceleración respondió asimismo a las transformaciones en las políticas fronterizas del gobierno brasileño que desde 2003 redobló sus acciones para controlar el contrabando y el tráfico de drogas en la región (Cardin, 2012)15. Se promulgó, en 2009, la Ley 11.881 que instituye el Régimen de Tributación Unificada con el objetivo de controlar las pequeñas importaciones desde Paraguay (Rabossi, 2011, p. 85). Esto provocó grandes cambios en los modos de fiscalización de la aduana brasileña, impactando simultáneamente la forma como los/as comerciantes se organizaban espacialmente en la frontera16. En este contexto, Foz se fue perfilando hacia el turismo.

Ahora bien, la literatura internacional sobre la inserción laboral femenina en zonas de frontera observa que las mujeres adentran a sus actividades productivas de una forma particular, que responde a su sobrecarga, a su exceso de responsabilidad en lo que concierne a la reproducción social de sus familias (Lugo, 1990; Monárrez, 2013; Morales & Bejarano, 2009; Woo, 2004). El concepto de reproducción social tiene su origen en los debates marxistas según los cuales las sociedades para seguir existiendo deben producir sus condiciones de vida y también deben asegurar que estas condiciones perduren en el tiempo. Lo último alude precisamente a la idea de reproducción social (Laslett & Brenner, 1989). El feminismo viene desde hace décadas subrayando que el capitalismo constituye un sistema estructurado de explotación de género dado que son las mujeres las que se encargan mayormente de las tareas de reproducción social de las familias, pero casi siempre sin recibir del reconocimiento por estas labores esenciales (las cuales suelen ser infravaloras socialmente). Vale subrayar que estas obligaciones femeninas están fundamentalmente vinculadas con el ejercicio de los cuidados17. La responsabilidad intransferible de cuidar –la asunción femenina del cuidado como parte constitutiva de su identidad genérica, en cuanto mandato de género18– constituye uno de los mecanismos fundamentales a partir de los cuales las mujeres asumen como propias a las desigualdades sociales.

Las entrevistas realizadas con mujeres paraguayas permiten dialogar con esta literatura sobre los sentidos del comercio y las sobrecargas femeninas en la triple-frontera, además de complementar las definiciones sobre los tipos de función que estas mujeres desempeñan en los circuitos comerciales transfronterizos en este contexto de desaceleración del contrabando hormiga. Esto nos permite establecer, simultáneamente, un diálogo con las investigaciones internacionales en otros territorios fronterizos que vienen visibilizando que, más allá de las violencias y precariedades que las mujeres enfrentan en el desempeño del comercio fronterizo, dicha actividad constituye un nicho de empoderamiento femenino.

En esta línea, Wrigley-Asante (Wrigley-Asante, 2013) muestra cómo el comercio transfronterizo femenino brinda a las mujeres con baja escolaridad formal alternativas para superar sus condiciones de pobreza y para consolidar el desarrollo de una noción de bienestar:

Las mujeres aquí tenían el control sobre los recursos, en este caso, los activos financieros y físicos. La mejora del estado socioeconómico de estas mujeres, su capacidad para mantenerse a sí mismas, a su familia y sus relaciones, y las inversiones realizadas habían creado una sensación de satisfacción con la vida y felicidad entre ellas. Contribuir significantemente al presupuesto del hogar había ayudado a mejorar el poder de decisión de las mujeres en el hogar, apoyando el argumento de que el comercio transfronterizo ha permitido que las mujeres se vuelvan más autónomas. (Wrigley-Asante, 2013, p. 316) (Traducción propia)

Esta dimensión dialéctica del comercio transfronterizo –entre el empoderamiento de género y la reproducción de la precariedad femenina aparece como hallazgo empírico de diversas/os autores/as dedicados al tema en diferentes parajes de África (ver: Ama et al., 2014; Njikam y Tchouassi, 2011; Randrianmoro, 2009), y también de autores trabajando en la frontera México-EUA (Campbell, 2008).

 

Metodología

Los datos empíricos que analizamos devienen de incursiones etnográficas realizadas por Guizardi desde 2017 en la triple-frontera. Stefoni, Nazal y Magalhaes se sumaron a estos viajes en 2019, en el marco de un proyecto comparativo sobre la experiencia femenina en fronteras sudamericanas19.

En equipo, realizamos trabajo de terreno entre julio y agosto de 2019, registrando en diarios de campo, fotografías y grabaciones audiovisuales nuestras interacciones y experiencias. Efectuamos un total 30 entrevistas cualitativas en profundidad a mujeres paraguayas. Estas entrevistas constituyen el principal insumo empírico del presente texto20.

La selección de las entrevistadas atendió a dos criterios iniciales. Primero, nos atuvimos a mujeres que desempeñan sus actividades laborales en Foz de Iguazú y/o Ciudad del Este. A través de nuestra observación etnográfica y de la revisión de los estudios previos, constatamos que las movilidades femeninas paraguayas en esta región son más intensas entre estas dos localidades: debido tanto a la conocida laxitud fiscalizadora de las autoridades de Brasil y Paraguay, como al hecho de que sus respectivas ciudades se encuentran interconectadas en términos productivos, comerciales y de mercado laboral. Segundo, decidimos centrarnos en mujeres en edad económicamente activa (15-65 años), buscando comprender la relación entre las actividades comerciales y el desempeño de tareas de reproducción social. La Tabla 1 sintetiza las informaciones sobre las entrevistadas21.

 

 

Tabla 1.

Síntesis de las mujeres entrevistadas

Seudónimo/iniciales

Nacionalidad

Edad

Ocupación

Estado Civil

Ciudad de Residencia

1

EPM

Paraguaya

26 años

Vendedora de ajo y especias, puesto callejero (Foz de Iguazú)

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

2

Sofía

Paraguaya

31 años

Contrabandista de aceite (de Foz de Iguazú a Ciudad del Este)

Casada

Foz do Iguazú (Brasil)

3

RBA

Paraguaya

19 años

Camarera en restaurante (Foz de Iguazú)

Soltera

Ciudad del Este (Paraguay)

4

Clara

Paraguaya

39 años

Cocinera en restaurant

(Foz de Iguazú)

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

5

Guerrera

Paraguaya

38 años

Operaria de Frigorífico (Foz de Iguazú)

Separada

San Miguel de Iguazú (Brasil)

6

Avril

Paraguaya

19 años

Camarera en Casino (Ciudad del Este)

Soltera

Ciudad del Este (Paraguay)

7

Sonia

Paraguaya

26 años

Vendedora de tienda

(Foz de Iguazú)

Separada

Ciudad del Este (Paraguay)

8

Silvia

Paraguaya

51 años

Vendedora de ropas, puesto callejero (Foz de Iguazú).

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

9

Talia

Paraguaya

29 años

Vendedora de ropas, puesto callejero (Foz de Iguazú).

Separada

Ciudad del Este (Paraguay)

10

Mía

Paraguaya

26 años

Vendedora de ropas usadas (Foz de Iguazú)

Unión de hecho

Ciudad del Este (Paraguay)

11

Lirio Blanco

Paraguaya

56 años

Vendedora de empanadas y Terere (Foz de Iguazú)

Separada

Ciudad del Este (Paraguay)

12

Rosa 1

Paraguaya

43 años

Recoge verduras desechadas por las bodegas de Foz de Iguazú y las vende en Ciudad del Este.

Separada

Ciudad del Este (Paraguay)

13

Alicia

Paraguaya

29 años

Recoge verduras desechadas por las bodegas de Foz de Iguazú y las vende en Ciudad del Este. (También recoge zapatos).

Unión de hecho

Ciudad del Este (Paraguay)

14

María 1

Paraguaya

46 años

Vendedora de alimentos (Foz de Iguazú).

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

15

Rosa 2

Paraguaya

52 años

Vendedora de ropas y calzados, puesto callejero. (Foz de Iguazú).

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

16

Águila

Paraguaya

31 años

Trabajadora doméstica en residencia (Foz de Iguazú)

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

17

G

Paraguaya

35 años

Realiza aseo en Casa do Migrante (Foz de Iguazú)

Unión de hecho

Ciudad del Este (Paraguay)

18

Shakira

Paraguaya

29 años

Vende empanadas y tapioca, puesto callejero. (Foz de Iguazú)

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

19

Antonia

Paraguaya

62 años

Vende ropa en tienda (Foz de Iguazú)

Separada

Ciudad del Este (Paraguay)

20

Rojo

Paraguaya

56 años

Vende ropa, puesto callejero (Ciudad del Este)

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

21

Paloma

Paraguaya

35 años

Vende ropa, puesto callejero (Ciudad del Este)

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

22

María 2

Paraguaya

46 años

Vende ropa, puesto callejero (Ciudad del Este)

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

23

EA

Paraguaya

46 años

Vende ropa, puesto callejero (Ciudad del Este)

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

24

Lirio

Paraguaya

29 años

Vende ropa, puesto callejero (Ciudad del Este)

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

25

Amada

Paraguaya

58 años

Vende ropa de cama y baño, puesto callejero (Ciudad del Este)

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

26

Mujer paraguaya

Paraguaya

43 años

Vende ropa, puesto callejero (Ciudad del Este)

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

27

Angelica

Paraguaya/Brasileña

58 años

Funcionaria oficina Municipal de atención turística (Foz de Iguazú).

Separada

Foz de Iguazú (Brasil)

28

Orquídea

Paraguaya

52 años

Recoge verduras desechadas por las bodegas de Foz de Iguazú y las vende en Ciudad del Este.

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

29

Eulo

Paraguaya

62 años

Contrabando de frutas de Foz de Iguazú a Ciudad del Este.

Casada

Ciudad del Este (Paraguay)

30

Fiona

Paraguaya

24 años

Recoge verduras desechadas por las bodegas de Foz de Iguazú y las vende en Ciudad del Este.

Separada

Ciudad del Este (Paraguay)

  1. Fuente: Elaboración propia.

 

 Una vez finalizado el terreno, las entrevistas fueron transcriptas y categorizadas a partir del software de análisis de discurso MaxQDA. Para realizar esta codificación, desarrollamos una matriz analítica compuesta por seis macro-categorías: 1) Construcciones de la frontera; 2) Trayectorias de las migrantes fronterizas; 3) Inserción de las migrantes fronterizas; 4) Configuraciones del cuidado fronterizo; 5) Experiencias de violencia, 6) Conexiones Triple-frontera Andina y del Paraná. Cada una de estas macro-categorías se encontraban subdivididas en diversas micro-categorías, totalizando 130 códigos. Los temas que tratamos en el presente texto están vinculados a la tercera macro-categoría.

 

El comercio como salida laboral femenina

Para la mayoría de nuestras 30 entrevistadas, el comercio era un nicho de empleo muy importante (o el más importante) en sus trayectorias laborales: 27 trabajaron en este rubro en algún momento de sus vidas22. Para la mayoría de ellas, el ejercicio de la actividad comercial en cualquiera de las modalidades (formal/informal; lícito/ilícito; ambulante/fijo; local/transfronterizo; por cuenta propia/para terceros) constituyó su principal fuente de ingresos en el pasado y en el presente.

Las mujeres identificaban dicha actividad como la más cercana a ofrecerles independencia económica y posibilidades de conciliación entre actividades productivas y reproductivas. Aun cuando el desempeño laboral comercial involucraba desgaste físico o riesgos variados, ellas los evaluaban positivamente. Además, consideraban que estaban expuestas a menos explotación de terceros en el comercio autogestionado: “Usted no tiene patrón. Uno no tiene patrón. El patrón, a veces, no le da gusto. Yo, por ejemplo, nunca trabajé ajeno, de empleada. Ajeno, nunca trabajé”. (Rosa 1, 24/07/2019). En varias entrevistas la búsqueda por desempeñar una actividad comercial independiente surge como estrategia para frenar los abusos laborales: “Yo no quiero trabajar nunca en poder del patrón: no me gusta” (Antonia, 29/07/2019). O, aún:

Nadie te dice nada: vos trabajas tranquilamente. No hay mucha presión. Porque en los negocios ajenos es con mucha presión y acá nadie te manda. Si es que vos vendes, vendes. Y si no, no. A veces hay muchísima venta, a veces no. (Lirio, 30/07/2019)

Simultáneamente, ellas asociaban la actividad comercial con una forma de libertad femenina que permite acceso a relaciones y espacios que les son vetados cuando deben dedicarse a las tareas de cuidado doméstico. Pese a desempeñarse en el sector productivo, la mayoría de nuestras entrevistadas estaban a cargo de la totalidad de las tareas de reproducción social familiar. Estas circunstancias fueron descriptas como “agotadoras”, como sobrecargas que les causaban enfermedades importantes23. En estos contextos, el comercio fue descripto como una ventana de libertad de la sobrecarga reproductiva:

Yo me hallaba con mi hija [cuidándola en la casa]. Pero, la verdad, es que soy más de salir a trabajar. Yo no me acostumbro a estar en casa, a ser ama de casa. Siempre, toda la vida, salí a trabajar. Y, la verdad, es que esos dos años, la verdad, me agarró depresión. Sí, porque yo quería salir a trabajar. Después me decidí y salí a trabajar otra vez. De ahí mejoré, me empecé a distraer otra vez. (Lirio, 30/07/2019)

Simultáneamente, ellas también asocian esta salida laboral comercial con las expectativas y proyecciones de futuro que entienden como propiamente femeninas, diferenciadas de las perspectivas masculinas:

Porque las mujeres, o sea, los hombres tienen una visión diferente que las mujeres paraguayas. Yo, por ejemplo, creo que no piensan mucho en el futuro, ni planean. En cambio, las mujeres, nosotras planeamos, todo es planes. Ellos no ven el futuro. (Talía, 17/07/2019)

Para la mayoría, que no nació en Ciudad del Este (26 en total), esta apreciación de la vinculación entre la actividad comercial y las posibilidades de independencia femenina son anteriores a su migración a la frontera. Todas las mujeres que migraron a Ciudad del Este comentaron que la posibilidad de trabajar con el comercio fronterizo influyó en la decisión femenina familiar de trasladarse a la frontera:

Porque mi mamá, cuando ya fue, era grande. Ya era una mujer grande. Se mudó a Ciudad del Este porque el comercio ya estaba en auge y empezó a trabajar en una tienda […]. Ella se quedó acá, trabajando en un negocio que se llamaba “Comercial Co”. (Paloma, 27/07/2019)

Si bien muchas se insertaron en el comercio en otras localidades de Paraguay, todas las que migraron internamente consideraban que el comercio fronterizo –debido a las posibilidades de transitar por los tres espacios nacionales y hacerse con productos, consumidores y monedas diversas– constituía una oportunidad de empoderamiento laboral/económico femenino: “para mí que, en la frontera, uno puede hacer más cosas siendo mujer. Para mí que es más fácil” (Alicia, 24/072019). O, aún: “para las mujeres pobres, la frontera sí es una oportunidad para subsistir” (Angelica, 31/07/2020). Comparando las demás localidades del Paraguay con la frontera, las entrevistadas establecen una diferencia de potenciales económicos y de acceso a consumos varios a través de la inserción comercial:

Sí, hay diferencia de vida, en la parte económica. En comparación, allá [en su ciudad de origen] que se estancaron en un nivel y ahí están siempre. No evolucionaron. Sin embargo, acá en la frontera hay dinero. Y uno tiene vehículo, lindas casas; tiene lo que uno sueña y va adquiriendo. Sin embargo, allá se quedaron estancados. (María 2, 29/07/2019).

En cualquier caso, se trata de una oportunidad contradictoria. La inserción laboral fronteriza permite mantener fuentes de renta que pueden no depender de terceros, pero demanda un sobreesfuerzo de adaptabilidad:

Para mí es difícil, porque, acá, las mujeres en la frontera tenemos que saber hacer de todo. Porque si vos no sabes hacer de todo, creo que vas a pasar hambre. Es bueno, por otro lado. Porque acá de Paraguay vos podés venir corriendo aquí a Foz. De acá te llevás algunas cositas y podés vender allá en Paraguay. Pero, para eso, tenés que ser una mujer guerrera. (Talía, 17/07/2019)

La mayor parte de ellas nos confesó sentirse “sobrepasadas” con este esfuerzo. Cuando les preguntamos en qué momento descansaban, ellas se sorprendían: “yo me duermo a las 20:00, 20:30 o las 21:00. Me levanto a las 3:00. […]. Yo no descanso, es que las mujeres no descansan en la frontera. Sí, es cansador. Yo no doy más.” (Shakira, 25/07/2019).

Por otro lado, cuando indagamos sobre cómo valoraban a las actividades laborales desempeñadas en el momento de la entrevista, sus respuestas aludían a un tipo particular de sistema clasificatorio: jerarquizaban los trabajos considerando no solamente sus rubros, sino (y centralmente) el tipo de movilidad o emplazamiento que demandaban. En este cuadro clasificatorio, uno de los criterios considerados era si la actividad implicaba cruzar las fronteras de Paraguay hacia Brasil (y, en menor medida, hacia Argentina). Otro, refería a la cantidad de desplazamientos locales en cada lado de la frontera. Por ejemplo, diferenciaban tajantemente el trabajo como comerciantes ambulantes y fijas, más allá de que este trabajo fuera desempeñado en Ciudad del Este o Foz de Iguazú24. Este sistema clasificatorio nos pareció un dato relevante, ya que otras formas de valorar y jerarquizar los trabajos podrían parecerles prioritarias. Las mujeres describían este cuadro clasificatorio a partir de tres grandes grupos de actividades25.

Primero, estaban aquellas actividades desempeñadas en un espacio fijo del lado paraguayo de la frontera, que no implicaba un cruce del control fronterizo hacia Brasil. En total, 8 mujeres trabajaban así: 7 eran comerciantes y vendían ropas o calzados en puestos callejeros de Ciudad del Este, mientras una era camarera en un casino.

Segundo, los trabajos que implicaban cruzar la frontera diariamente hacia Foz. Este primer grupo se dividía en diversas modalidades. Por un lado, estaban los empleos que emplazaban las mujeres en un espacio fijo de Foz. Entre nuestras entrevistadas, 16 mujeres trabajaban así: 8 eran vendedoras y regentaban puestos callejeros (4 de ellas vendían ropas/accesorios/calzados y 4 alimentos); 2 eran vendedoras contratadas de tiendas de ropa (magacines); 2 trabajaban en restaurantes (1 camarera y 1 cocinera); 1 trabajaba como operaria de frigorífico; 2 como empleadas de limpieza (1 en residencia particular, 1 en oficina pública); 1 como funcionaria municipal (de una oficina de atención al turista). Nada menos que 10 de las 18 mujeres en esta categoría trabajaban en el comercio.

Tercero, las actividades que también requerían que las mujeres cruzasen hacia el lado brasileño, pero con la finalidad de buscar productos que serán transportados a Ciudad del Este (6 personas en nuestra muestra). Entre ellas, 2 contrabandeaban aceite y frutas de Brasil a Paraguay en cantidades relevantes (integraban esquemas de transporte que involucraban cadenas de personas). Otras 4 realizaban un traspaso de mercancía a pequeña escala: recogían verduras y frutas desechadas por comerciantes brasileños para lavarlos, limpiarlos, cortarlos y venderlos en Ciudad del Este.

Este cuadro descriptivo de las actividades laborales de las entrevistadas permite constatar empíricamente la centralidad del comercio como actividad productiva, lo que nos inclinó a concentrarnos en esta actividad. A continuación, recuperaremos las experiencias de nuestras entrevistadas en tres nichos comerciales femeninos: 1) el comercio callejero autogestionado en Ciudad del Este; 2) el comercio callejero y el trabajo como vendedoras en Foz de Iguazú; 3) las actividades comerciales transfronterizas.

 

Comercio en puesto callejero en Ciudad del Este

En las calles céntricas de Ciudad del Este, aledañas al puente que conecta con Brasil, las mujeres paraguayas son responsables por un ingente despliegue del comercio a pequeña escala. Lo hacen a través de su protagonismo como vendedoras de puestos callejeros, donde comercializan ropa de cama, útiles domésticos, vestimentas y accesorios variados. Entre nuestras entrevistadas 7 trabajaban de esta manera: Paloma, Lirio, Amada, Rojo, María 2, EA y Mujer Paraguaya26. Por lo general, son propietarias o arrendatarias de sus puestos, pero en ambos casos, trabajan de forma independiente y no tienen la necesidad de cruzar el puente: son los clientes quienes cruzan la frontera desde Brasil y Argentina para aprovechar el cambio beneficioso con la compra de estos productos27. El establecimiento de Ciudad del Este como centro de compras en los noventa impulsó a las vendedoras a manejar varios idiomas (portugués, guaraní, castellano) y transaccionar en diversas divisas (real, dólar, peso argentino, guaraní).

A diferencia de lo que encontró Rabossi (Rabossi, 2011) en 2001, cuando desarrollamos nuestra etnografía en Ciudad del Este en mediados de 2019, era muy difícil encontrar un puesto callejero en el microcentro que no estuviera en día con los impuestos y la autorización municipal. Solo los hemos visto en algunas calles más estrechas, alejándonos del eje comercial que se despliega desde el Puente de la Amistad. Amada nos cuenta su experiencia de este proceso al decirnos que fue mesitera en aquellos años de disputas por la ocupación de las calles por el comercio a pequeña escala. Nos contó que la municipalidad le “hizo sacar” su puesto del lugar donde lo tenía. Precisamente allí, se construyó una infraestructura de puestos metálicos que pagan tributo municipal: “Antes tenía ese puesto mío, comprado. Después la municipalidad nos hizo sacarlos. Antes nosotros trabajábamos debajo de una lona y ahora la municipalidad nos hizo techo”. (Amada, 30/07/2019). Las mujeres consideran elevado el tributo, pero valoran la infraestructura aportada por el gobierno local para el desempeño de sus actividades. Trabajar en la calle engendra problemas importantes relacionados a la intemperie climática y las casetitas de la municipalidad ayudan a resolver al menos parte de estas dificultades:

Lo peor es que, a veces, por ejemplo, cuando hace mucho frio acá, pasas un frio que es impresionante. A veces, cuando viene la lluvia muy fuerte, vos tenés que estar metiendo rápido tus cosas y no es fácil. Tenés que aguantar los vecinos. (Lirio, 30/07/2019).

En términos generales, estas mujeres tenían orígenes parecidos a las que trabajaban en los demás nichos comerciales de la frontera. Pero sus condiciones de acumulación económica y de división de los trabajos y gastos domésticos con sus parejas eran circunstancialmente diferentes. La mayor parte de ellas tenía orígenes rurales y creció en familias marcadas por la violencia de género y por el bajo acceso a la educación y salud públicas. Pero, a diferencia de lo que pasó con sus madres y abuelas, desarrollaron sus familias compartiendo labores productivas y reproductivas con una figura masculina. Este es el caso de EA, vendedora de ropas. Con un fuerte apoyo de su pareja y equidad en la distribución de las labores, ella nunca se planteó el movimiento transfronterizo a Foz como alternativa laboral. Considera que esta estrategia vulnera a las mujeres paraguayas que la desempeñan:

Por ejemplo, la persona que se va a trabajar comenta que es un poco difícil. Porque no se le trata bien [a las paraguayas]. Allá en Brasil, dice que se le trata diferente. En Brasil tratan diferente, porque nos dicen que somos ignorantes. “Paraguayas ignorantes”, así nos llaman. Gracias a dios, no he trabajado allá. (EA, 29/07/2019)

Mujeres como EA tuvieron poco acceso a la escolaridad, pero sus hijos/as accedieron a los estudios universitarios. Cuando les preguntábamos si habían planteado alguna vez realizar trabajos transfronterizos en Foz, ellas respondían enfáticamente que no lo harían (“gracias a dios, no”, como dice EA), pues trabajar en Brasil implica abusos, explotaciones, discriminaciones y violencias, además de no considerarlo rentable:

Mi hermana se fue a vivir a Foz. Y venia también trabajar acá [en Ciudad del Este]. Es diferente, porque allá [en Foz] se paga menos; se gana menos en comparación con acá, en Ciudad del Este. Por eso la mayoría de los brasileros vienen a trabajar acá. (María 2, 29/07/2019)

Para ellas, ir a Foz era algo excepcional, como nos comentó Amada:

Yo a veces me voy para Foz para comprar alguna cosita. A veces, no sé. No puedo decirte [si le gusta Foz], porque solo un ratito voy. [A comprar] Zapato; hay mucho zapato y ropa, también hay mucha. No sé; no puedo decirte porque hace tiempo que no voy. (Amada, 30/07/2019)

Incluso su percepción sobre las distancias espaciales entre las ciudades era distinta. Ellas enfatizaban la lejanía entre el lado brasileño y el paraguayo y la dificultad del cruce fronterizo. Según EA: “Allá en Foz, por ejemplo, para nosotros es difícil trabajar. Porque nos queda lejos. Y hay que cruzar el puente, todo es un caos” (EA, 29/07/2019)28.

Esta constatación de una diferencia jerárquica de posibilidades económicas y familiares entre las mujeres que establecían sus comercios callejeros en Ciudad del Este nos llevó a indagar sobre los tipos de requisitos (o disposiciones) que ellas reunían y que les permitían trabajar de forma más protegida y autónoma (en comparación con los otros nichos de empleo femenino paraguayo en la frontera).

Una de nuestras entrevistadas, Paloma, nos respondió a esta duda muy didácticamente, detallándonos que la inserción al comercio de los puestos fijos callejeros de Ciudad del Este requiere de al menos dos elementos: un capital económico inicial (que las mujeres generalmente reúnen en años de trabajos independientes o dependientes más precarios) y los conocimientos sobre las dinámicas de venta del sector. En su caso particular, el capital inicial provino de su trabajo como empleada doméstica y obrera en una fábrica de ropa en España, país al que migró precisamente para reunir recursos y con la intención de devolverse a insertarse en el comercio de la triple-frontera29.

A su vez, para Paloma, los conocimientos sobre el quehacer comercial y los contactos (tanto de proveedores como de posibles clientes) provenían de su red familiar: su madre y su tía trabajaban y eran dueñas de puestos y locales comerciales en Ciudad del Este. Sin embargo, esta red no aseguró el éxito económico en su primer intento. Hacerse con los proveedores, con sus particulares lógicas y con el mundo comercial que ellos movían, por un lado, y con la competencia local comercial, por otro, entablaban desafíos importantes. Al iniciarse en el comercio, las mujeres se dan cuenta de que esta actividad les involucra en un enmarañado de relaciones que tienen un carácter local, transfronterizo y transnacional. Aquí, llegamos a un nuevo interrogante: ¿en qué tipo de redes ellas se involucran a partir de su inserción en la actividad comercial callejera en Ciudad del Este?

En el caso de Paloma, la compra de vestimentas para su puestecito callejero se realizaba a través de comerciantes árabes establecidos en Ciudad del Este. En los años del auge del comercio en la zona franca, a fines de los noventa e inicio de los 2000, los distribuidores árabes eran los preferidos de los comerciantes a pequeña escala porque ofrecían un sistema informal de créditos que facilitaba su actividad30. En los noventas, los árabes compraban mercancías de diversos países (y, a partir de 2000, chinas) en grandes cantidades (y con plazos de pago muy distendidos). Por ende, podían ofrecer a los pequeños comerciantes que abonaran solo por aquellos que se vendían efectivamente:

En ese momento, cuando empezamos a montar la tiendita, había muchos árabes que te pasan la mercadería: “yo te dejo acá una caja y, si vendes, pagas”. Entonces, fue así que pudimos ir haciendo […]. No teníamos la suficiente liquidez, pero teníamos el conocimiento. Fue el precio que tuvimos que pagar, como se dice, “el derecho de piso”, por decirte algo. Porque para conocer algo siempre tienes que pagar el precio. Y ese fue el precio que pagamos. (Paloma, 27/07/2019)

No deja de ser llamativo que Paloma exprese la relación establecida con los grandes comerciantes árabes como “un precio a pagar”. Esta valoración deviene de la consideración, expresa por varias entrevistadas, de que participar de estas redes comerciales las puede involucrar potencialmente con situaciones y contextos complejos (exponiéndolas a participar de actividades indeseadas, peligrosas o, incluso, violentas). Deber a grandes comerciantes no es un plan seguro en su apreciación.

Estos testimonios nos remontan a la constatación empírica de diversos autores como Cardin (Cardin, 2012), Renoldi (Renoldi, 2013, 2014) de que, en esta frontera, agentes y emprendedores establecen sus actividades traspasando frecuentemente el límite entre legalidad e ilegalidad (Renoldi, 2015, p. 418) y que esto tiende a vulnerar particularmente a las mujeres paraguayas (Barvinsk, 2014).

A partir de 2004, la desaceleración del comercio en la región mermó las capacidades monetarias y crediticias de los distribuidores árabes. Estas dificultades se fueron trasladando a los pequeños comerciantes, disminuyéndose las posibilidades de crédito y de devolución de las mercaderías. Allá para 2009, empezó a circular noticias de que los productos chinos estaban llegando directamente a otros puertos de Sudamérica: particularmente a la zona franca de la ciudad de Iquique, en el norte de Chile (denominada “Zofri”), a unos 2250 kilómetros de Ciudad del Este. Paloma y su hermano habían migrado a España, estaban ambos trabajando en este país. Entonces, ella regresa y se establece nuevamente en Paraguay. Estando en la península Ibérica, su hermano se entera de que “todos” en Ciudad del Este estaban viajando a Iquique para traer directamente los productos chinos:

Mi hermano se queda un año más [en España] […] y me dice: “¿Por qué no vas a Chile y traes mercadería? De ahí; todo el mundo trae mercadería de allí y se vende en Ciudad del Este”. En Iquique; bueno voy a Iquique […]. Me dicen: “anda vos y trae. Nosotros te compramos a ti. Y si vas a Chile, vas a vender porque esos productos se venden”. Entonces voy a Chile y justo fue el mundial [de fútbol] […]. Cuando era la música del Waka-Waka [música de la cantante Shakira], el 2009 o 2010. Porque recuerdo que este año falleció mi madre […]. ¡Sudáfrica! Exactamente: el mundial de Sudáfrica […]. En eso vuelve mi hermano y conseguimos un lugar para estar acá, en estos puestecitos [callejeros]. Y le dije: “¿Por qué no te montas tu tienda?” Y a partir de ahí, cuando vino mi hermano, comenzamos a trabajar los dos y pudimos remontar. (Paloma, 27/07/2019)

Aquí, vemos cómo la posibilidad de viajar a Chile, el conocimiento sobre otras zonas francas sudamericanas aparece como una alternativa de independencia comercial para los pequeños comerciantes de Ciudad del Este que, como Paloma y su hermano, quieren tantear la posibilidad de no depender de los grandes intermediarios. Así, Paloma es protagonista de una ampliación continental de un tipo de comercio que ella misma denomina “hormiguita”: que conecta las zonas francas sudamericanas, y que se enmarca (y da vida) a los proyectos de conexión comercial que los países sudamericanos buscaban incentivar a través de los tratados como el MERCOSUR (Sausi y Oddone, 2010).

Obsérvese, no obstante, que la incorporación de estas prácticas comerciales que atraviesan de un extremo al otro de Sudamérica –es decir, la inserción de Paloma en estas rutas comerciales terrestres de larga escala– se compaginó con las relaciones comerciales con los grandes distribuidores de Ciudad del Este. No se trata de que una práctica haya sustituido la otra: ellas pasaron a ser usadas situacionalmente por las comerciantes, de acuerdo con las necesidades y posibilidades económicas de cada momento. Paloma nos explicó que, cuando las rentabilidades económicas del comercio bajaban, les sale más en cuenta comprar a los árabes, para no tener que financiar los viajes a Chile. También nos explicó que ciertas mercancías siempre salen más en cuenta con estos comerciantes: “pero estos productos [señala prendas colgadas en su puesto] nosotros siempre compramos acá, de los árabes” (Paloma, 27/07/2019).

Por otro lado, Paloma explicó que paralelamente al “desbravar” la ruta hacia Chile, varios comerciantes callejeros de Ciudad del Este empezaron a tantear otros itinerarios continentales para hacerse directamente con productos fabricados en polos de confección de otros países. Esto amplió, desde 2010, las redes de comercio hormiga hacia ciudades brasileñas y bolivianas. Pero no solamente los paraguayos se desplazan a estas ciudades. Bolivianos y brasileños también vienen a traer productos a Ciudad del Este, moviendo un camino de doble sentido entre sus ciudades y la zona franca paraguaya:

Ahora hay gente que viaja a Sao Paulo [Brasil] y traen mercadería de ahí. Nosotros traemos estas camisetas [apunta a los productos en su puesto]. Por decirte algo, son de Sao Paulo. Esos chalequitos [apunta a las prendas colgadas], son de Bolivia. Y los bolivianos traen acá a Paraguay, traen de Bolivia. Ellos mandan a fabricar. No sé cómo será, porque Bolivia no conozco. Y traen hasta acá y vendemos. Así, normalmente, traen acá para vender. […] Siempre el pequeño trabajador es él que va a trabajar. Porque van trayendo y me dicen: “bueno, fui a Sao Paulo y traje mil docenas. ¿Quiere cien docenas?”. Y vamos trabajando así. Es un trabajo hormiguita, pero es constante siempre. (Paloma, 27/07/2019)

Otras entrevistadas confirman estas apreciaciones: “La ropa de acá viene de China, de Bolivia, de todas partes. También de Chile. De todas partes: las ropas son chinas, llegan a Chile y pasa acá” (Mujer paraguaya, 29/07/2019).

Estos relatos dan cuenta de cómo los cambios en la economía global, nacional y regional impactaron en los precios y en el mercado local y de cómo las mujeres van generando estrategias para hacerse con estos contextos. Las vendedoras de los puestos callejeros de Ciudad del Este señalaron enfáticamente las dificultades provocadas por estas transformaciones, pero registrando centralmente su carácter económico, ligado a las fluctuaciones de las monedas locales. Empero, ellas identifican el periodo de entre 2011 y 2014 –marcado por una profundización de las acciones restrictivas del Estado brasileño en esta frontera–, como un periodo positivo en términos de ventas. Lo que nos permite conjeturar, como lo hicieron varios autores, que las medidas restrictivas y de control de seguridad fronteriza no merman, sino que reorganizan los circuitos de venta (Cardin, 2011, p. 129):

Y mira: los primeros tiempos que estábamos aquí, sí era muy bueno. Pero luego fue cuando el dólar comenzó a subir nosotros dejamos de vender aquí. Porque, imagínate: antes el cambio era 1,80 [reales/dólar]. Con el real te hablo. Antes era 1,50 [real/dólar]. Luego subió a 2. Luego, a 2,5. Y ahora llegamos a 4 reales [por dólar]. Es muchísima la diferencia. El periodo bueno, te hablo del 2011, 2012, 2013. El 2013 era bastante bueno aún. Y cayó en el 2014, 2015, 2016. Ya, hoy por hoy, siempre puedes trabajar. Pero no es un comercio que dices podemos levantar y ganar más dinero. Porque ahora lo que hacemos es mantenernos, nada más. No podemos avanzar. (Paloma, 27/07/2019)

Además, ellas mencionan que la desaceleración comercial fue sentida con cada vez más rotundidad desde el 2014 por las comerciantes callejeras. Esto implicó que ellas empezaran a adoptar estrategias flexibles de reorganización de sus negocios. Amada nos cuenta, por ejemplo, que el cambio en los productos vendidos y la búsqueda por comprar directamente en la Zona Franca chilena de Iquique responden precisamente a estas necesidades adaptativas:

Y vendía también jeans, vaquero así. Ropa de todo. Y, después, dejé ropa. No es que cansó. La ropa queda a nosotros: nos queda. En cambio, vos vendés la frazada y vendés todito. Porque no viene por tamaño. Vos vendés una ropa y es chico para la persona o: “no me gustó”. En cambio, la frazada no. Vendía solo frazadas y manta. Ahora que bajó la venta, es que yo pongo de todo. Este 2019 entró así. Y 2018 también. ¿Sabe por qué? Porque subió mucho el dólar con el real y dicen en Brasil que crisis totalmente. (Amada, 30/07/2019)

Los relatos permiten establecer que la situación económica de las mujeres comerciantes callejeras en Ciudad del Este se viene complicando en los últimos cinco años. Ellas indican que la rentabilidad de la actividad comercial viene en bajada y que sus ventas las permiten mantenerse, pero no ahorrar.

 

Actividades comerciales en Foz de Iguazú

Entre las mujeres entrevistadas, 16 trabajaban en un espacio fijo de Foz. De estas, 10 se desempeñaban en el comercio: 8 regentaban puestos callejeros. Lirio Blanco, EPM, María 1 y Shakira vendían alimentos en estos puestos; mientras Silvia, Talía, Mía y Rosa 2 vendían ropas, accesorios o calzados. Por otro lado, 2 mujeres –Sonia y Antonia–, eran vendedoras de tiendas de ropa (magacines)31. Todas las mujeres que tenían puestecitos callejeros, ya fuera de ropas o alimentos, traían sus productos desde Ciudad del Este. Esto implicaba que cruzaban la frontera cargadas con mercancías que, en diversos casos, excedían el límite de valor permitido por una sola persona. Así, para al menos 8 de nuestras entrevistadas, el paso por la frontera conllevaba tensiones cotidianas.

Lo primero que nos llamó la atención sobre las mujeres que optaron por trabajar del lado brasileño de la frontera fueron sus percepciones sobre tener que desplazarse a Brasil diariamente y sobre su experiencia como trabajadoras paraguayas en territorio brasileño. Las comerciantes que regentaban puestos callejeros en Ciudad del Este tenían visiones pesimistas sobre el trabajo femenino paraguayo en Brasil, pero las que trabajan en este país diariamente evalúan positivamente su experiencia. Las vendedoras en puestos callejeros en Foz nos explicaron que se decidieron a hacerlo porque no tenían buenos trabajos y remuneraciones del lado paraguayo: “allá el sueldo es demasiado poco. No vale la pena” (María 1, 25/07/2019). Ellas hablaban del trabajo en Foz como una oportunidad.

En el relato de Rosa 2, además, vemos cómo la decisión sobre en qué lado de la frontera vender se debe a las evaluaciones sobre las oscilaciones de la rentabilidad comercial en cada ciudad fronteriza. Las mujeres cruzan de un lado a otro con sus puestos desplegables, buscando sortear las bajas comerciales en cada territorio:

Tomé la decisión porque allá, en Ciudad del Este, no vendía mucho. Vendía poco ya. Más o menos. Cayó la venta, como se dice. Y ahí me dijo mi marido: “vamos allá al Brasil”. Y yo le dije: “vamos”. Yo me quedaba en Ciudad del Este hasta medio día y, ahí, venia para acá. (Rosa 2, 25/07/2019)

La divergencia de perspectivas entre las mujeres que trabajan en Ciudad del Este o en Foz también puede explicarse por diferencias sustanciales en las trayectorias vitales de las mujeres que deciden cruzar a Brasil: la mayoría se encontraban en situaciones económicas menos favorecidas que las que trabajan en el lado paraguayo. Muchas eran las cabezas de familia monoparentales, encargándose económicamente de sus hijos/as (y, a veces también de sus padres, madres y hermanos/as) y haciéndose cargo de los trabajos de cuidado y reproducción social de sus familias. La mayor parte tuvo bajo acceso a la educación formal y un origen rural, tal como ocurría con las mujeres de nuestra muestra que trabajan en Ciudad del Este. Pero, por lo general, las mujeres que trabajan del lado paraguayo comparten los gastos familiares con una figura masculina, mientras las que se cruzan a Brasil no lo hacen. Se podría decir, entonces, que la sobrecarga productiva/reproductiva implica para estas últimas una más baja capacidad de acumulación económica y mayores dificultades de reunir los capitales necesarios para montar su propio puesto callejero en Ciudad del Este.

Además, en las calles de Foz de Iguazú, las mujeres que establecen sus puestecitos no pagan impuestos municipales. La mayoría establece su mesita (son “mesiteras”) en las veredas de casas comerciales brasileñas del barrio de Vila Portes (aledaño al Puente de la Amistad). Para tal, entran en acuerdo con los/las propietarios/as de estas tiendas, quienes las “autorizan” a establecerse en “sus veredas”. Cuando les indagamos sobre estas negociaciones, ellas explicitaron que los/las dueños/as de las tiendas no les cobran ninguna forma de tributo; pero sí aseveraron que ellas deben hacerse cargo del aseo de las veredas. Se trataría, entonces, de un intercambio de prestaciones. No dejan de ser curiosos los términos de este intercambio, dado que las veredas en Brasil son públicas: así, los/las dueños/as de las tiendas logran tener un servicio de limpieza, autorizando un uso del espacio público sobre el cual no tienen potestad jurídica formal. Algunas de las mujeres paraguayas estaban realmente agradecidas de los/las propietarios/as de estas tiendas, por desconocer la dimensión pública de las veredas. En una vereda de Vila Portes en la que trabajaban cinco mujeres paraguayas con sus mesitas de ventas, escuchamos de todas ellas que la “autorización” de uso del espacio que le concedía la dueña de la tienda aledaña se debía a que era “una buena cristiana, solidarizaba con las paraguayas y las quería ayudar” (Diario de campo, 17 de julio de 2019). Además de estipular los procedimientos de limpieza de la vereda, esta “buena cristiana” también se adueñaba del derecho de establecer a las mujeres paraguayas cómo debieran relacionarse en el espacio público. Las mujeres, no obstante, perciben estas relaciones asimétricas como “buenas” o “muy buenas”:

Investigadora: La señora C. me contaba que hay una buena relación con la dueña de la tienda M.

Entrevistada: Sí.

Investigadora: Que ella les deja estar acá, que no les molesta.

Entrevistada: Sí, sí.

Investigadora: ¿Es buena la relación?

Entrevistada: Sí, es buena. Muy buena.

Investigadora: ¡Qué bueno!

Entrevistada: Solamente a ella no le gusta que nosotros dejemos acá basura, ni nos peleamos. Sin pelea. (Rosa 2, 25/07/2019)

Pero, más allá de las oportunidades económicas/laborales, las mujeres también expresaron otras razones por las cuales consideraban que trabajar en Foz constituya algo positivo. Shakira y Mía señalaron que cruzar la frontera hacia Brasil les permitía acceder al espacio público y no tener que estar la mayor parte de su tiempo dedicada a las tareas del cuidado y domésticas. Ellas asociaban esta posibilidad a su felicidad, explicitando que se “acostumbraron” a esta libertad. No solamente “querían cruzar el puente”, sino que necesitaban hacerlo para sentirse bien:

Si no vengo, extraño. Extraño no venir, extraño estar acá, ¿viste? Que, si estoy en casa, me quedo: me levanto a las 9:00 de la mañana. Ya no es más normal. Estar acá, acá me siento bien feliz, acá: me siento tranquila ya me acostumbré, ya. (Shakira, 25/07/2019)

A mí me gusta estar acá, me gusta. Cuando no vengo, no sé: me entristece. Pero quiero venir, quiero pasar el puente. Tengo que venir, tengo que atravesar: me acostumbré. [Cuando no viene] estoy en casa limpiando, cuido a mi bebe. Yo lo cuido. Cuando vengo, se queda con mi mamá. Me gusta cruzar el puente, me hace feliz. Extraño a mis clientes. (Mía, 19/07/2019)

Como vemos, no todo son cómputos económicos en la decisión de cruzar el puente para trabajar en Brasil: esta ocupación permite a las mujeres no estar moralmente obligadas al cuidado a tiempo completo de hijos/as y del hogar. Ellas explicaron que, cuando trabajaban en Ciudad del Este, sentían más cobranzas familiares para que emplearan más tiempo en actividades reproductivas. Así, venir a Foz les posibilita habitar el espacio público con una identidad laboral, a la vez que las permite tercerizar las tareas de reproducción a otras mujeres sin que esto implique una carga moral insostenible. En el caso de las mujeres que, como Sonia, fueron madres aun adolescentes, cruzar el puente les permite desarrollar conocimientos y experiencias relacionales que no serían accesibles del otro lado de la frontera. Sonia nos expresó cómo perfeccionó su portugués, cómo aprendió sobre ventas; cómo aprendió sobre la economía trabajando en Brasil. Citando varios aspectos, estableció una comparación en la que se valora este país por sobre Paraguay: “Se siente bien [venir a Foz]. Se siente muy bien. Porque te enseña muchas cosas”. (Sonia, 16/07/2019).

El desempeño de actividades comerciales de las mujeres paraguayas en Foz se rige por dos regímenes de horario. Las que trabajan en tiendas tienen un horario fijo, que suele ser desde las 9:00hs hasta las 17:00hs32. En algunos de estos casos, el horario es continuado, sin tiempo de colación o, como se observó etnográficamente, con un corto espacio para almorzar. Ya las mujeres que trabajan de forma independiente celebran la posibilidad de controlar sus propios horarios y consideran que esto les facilita reducir su cansancio o tener más posibilidades de conciliar el trabajo con los cuidados familiares. Para estas mujeres, cruzar hacia Brasil también es positivo debido a esta dimensión de control del tiempo laboral en el trabajo autogestionado.

Finalmente, para Sonia –la única entre nuestras entrevistadas comerciantes en Foz que disponía de un contrato formal–, trabajar en Brasil se describe, además, como una oportunidad de acceder a derechos que ella califica como “inexistentes” en Paraguay. Así, ella declaró que se sentía tranquila porque los empleadores brasileños le brindaban derechos como el auxilio transporte, capacitaciones, aumento de sueldos o pagos de horas-extra. Pero Sonia asocia la tenencia de estos derechos al cuidado y al querer: “Ahora estoy en mi trabajo tranquila: no tengo nada de preocupación. Mis patrones me quieren mucho. Estoy contenta: me ayudan bastante, cuando necesito dinero me dan aumento, y me ayudan bastante” (Sonia, 16/07/2019).

Ahora bien: no todo resulta fácil en la experiencia del cruce fronterizo diario. Pese a valorar positivamente el trabajo en Brasil, las entrevistadas mencionaron diversas situaciones de discriminación y maltrato, ya fuera por su condición nacional (xenofobia) o por ser consideradas pobres por los/las brasileños/as (clasismo/aporofobia)33. Estas situaciones de maltrato en el trabajo como dependientes en Foz empujan las mujeres hacia el comercio informal:

Digo yo: porque se sienten muy encima [los/las brasileños/as], quieren maltratar. Yo, por eso, ya no trabajo para los otros. Cuando aparece algo para hacer, yo me voy, trabajo uno o dos días. Si es por una semana trabajar, yo trabajo. Pero fijo, trabajar solo en un lugar, yo no trabajo por eso: porque quieren maltratar. Se sienten muy encima de uno, y entonces eso no está bien. (EPM, 11/10/2018)

Además, las mujeres mencionan que la acción de cruzar el puente es, en sí misma, agotadora y muchas veces difícil, debido no solo al maltrato y la discrecionalidad de las autoridades en los controles aduaneros, sino al volumen de gente: “Claro que cansa mucho. Parece que ahora ustedes ven poco movimiento. Pero cuando hay mucha gente [en el puente] uno más se cansa; porque no se sienta así, como estoy haciendo ahora”. (Silvia, 16/07/2019). En el control aduanero, los requisamientos por parte de la policía impactan profundamente en la economía de las mujeres que trabajan transportando mercaderías para la venta en sus puestecitos callejeros de Foz:

La verdad que, gracias a dios, en los diez años, solo he perdido una vez mi mercadería. Solo una vez en aduana que me quitaron. Una vez, gracias a dios, que me quitaron […]. Fue tremendo, perdí mucho, pero, gracias a dios, sigo aquí. (Silvia, 16/07/2019)

Cuando logran establecerse y tener mayor rentabilidad con las ventas en Foz, las mujeres buscan tercerizar el paso de las mercancías que abastecen sus puestos, reduciendo su propio cansancio y, además, su exposición a los abusos de las autoridades fronterizas:

Yo, por ejemplo, pago para venir. Ahora estoy pagando a un señor que se fue a buscar a mi casa; a cargar todas mis cosas y vengo hasta acá. Pero de ida, yo me tengo que virar [arreglármela]. Si hay mucha fila, sí me voy de pie hasta O. [tienda cerca al puente]. Ahí agarro ómnibus para ir. (Lirio Blanco, 23/07/2019)

En el relato de Sonia, aparece la dimensión contradictoria, ambivalente, de la experiencia del cruce fronterizo: al paso que se reconocen las dificultades y desafíos de mantener esta rutina de trabajo en otro país, ella positiva este esfuerzo enmarcándolo como parte de su lucha por su familia. Así, las dificultades de la experiencia laboral femenina son reapropiadas a través de la lupa moral de los mandatos de género. Son, así, enunciadas como un sentido propio, femenino que otorga legitimidad moral a las mujeres:

Porque me siento una mujer guerrera porque estoy atravesando otro país para poder sacar adelante mi familia, mi hijo. Y es cosa que muchas personas no harían porque hay algunas personas que dicen: “no me tengo que ir a otro país, es muy lejos”. Y, entonces, no quiere luchar para salir adelante. No quiere sacrificarse. Entonces, yo me siento muy bien en Foz. Y siendo extranjera, para decir así, y trabajando como nunca he trabajado en ningún otro país. (Sonia, 16/07/2019)

La frase de Talía sintetiza perfectamente las ideas esbozadas sobre este punto: cruzar es significativo, otorga libertad, enseña, permite apropiarse del espacio y desarrollarse profesional y personalmente. Pero todas estas dimensiones son simultáneas –y no podrían existir– sin el esfuerzo y las dificultades enfrentadas:

Creo que es difícil. Para mí es difícil, porque acá las mujeres en la frontera tenemos que saber hacer de todo, porque si vos no sabes hacer de todo creo que vas a pasar hambre […]. Tenés que ser una mujer guerrera. (Talía, 17/07/2019)

 

El comercio transfronterizo

La mayoría de las actividades comerciales desarrolladas en territorios fronterizos suelen implicar al menos algún tipo de cruce de fronteras: o bien los productos vienen de otros territorios nacionales; o lo hacen las vendedoras y los/las consumidoras. En este sentido, es difícil imaginar que alguna actividad económica realizada en la triple-frontera pueda no merecer el adjetivo “fronteriza”. Pero, en esta sección, cuando nos referimos a “comercio transfronterizo”, aludimos particularmente a aquellas actividades comerciales que cruzan las fronteras porque las personas que las realizan lo hacen como parte de su rutina laboral. Se tratan de prácticas para las cuales las lógicas y dinámicas del cruce constituyen elementos centrales, estructurantes.

Entre nuestras entrevistadas, identificamos como vinculadas a esta modalidad de comercio a 6 mujeres paraguayas que pasan por Foz, pero no desempeñan toda su jornada laboral ahí: van a buscar productos que serán contrabandeados a Ciudad del Este. Entre ellas, 2 llevaban aceite y frutas de Brasil a Paraguay en cantidades importantes (Sofia y Eulo). Otras 4 (Fiona, Orquídea, Alicia y Rosa 1) realizaban un contrabando a pequeña escala, de productos de bajo valor: recogían verduras y frutas desechadas por los comerciantes en las inmediaciones de la Central Estadual de Abastecimiento mayorista del lado brasileño (la “CEASA”), para lavarlos, limpiarlos, cortarlos y venderlos en Ciudad del Este. Algunas de ellas también recogían zapatos y ropas usadas con este fin. Estas solían pasar en los locales de comercialización de estos productos en el barrio de Vila Portes para pedir donaciones a las vendedoras.

En común con las mujeres que desempeñaban como vendedoras en Ciudad del Este y en Foz, las seis mujeres de este grupo tenían el bajo acceso a la escolaridad y el origen rural. Pero nos relataron situaciones vitales con más elevados niveles de vulneración: sufrían más violencia de género o intrafamiliar; mayor sobrecarga productiva y reproductiva; mayor precariedad en las experiencias laborales actuales o pasadas; más elevado número de hijos/as a su cargo.

Las 4 mujeres que recogen restos de verduras y frutas en Foz constituyen el grupo de entrevistadas en situación económica más vulnerable: no disponen de recursos para iniciar una actividad comercial con mercancías industriales. Para ellas, venir a Brasil es una necesidad apremiante: “Sí, somos pobres. En Paraguay no hay nada para comprar, no hay nada. No vas a mantenerte con el Paraguay: ¡Imposible!” (Orquídea, 31/07/2019).

Su única alternativa es hacerse con productos para los cuales no deben desembolsar dinero. Generalmente, ellas se instalan alrededor de los locales de comerciantes mayoristas brasileños de productos agrícolas en Vila Portes. Estos comerciantes brasileños –empresas de distribución nacional y también de importación/exportación de productos agrícolas– compran directamente de los productores rurales en la CEASA y llevan estas mercancías a sus almacenes situados a ocho o siete cuadras del Puente de la Amistad. Ahí, reagrupan los productos para su distribución y transporte. En estos locales, los hombres paraguayos trabajan cargando y descargando los camiones, pero todos los administradores con los cuales conversamos –los gerentes y dueños de los negocios– eran brasileños. Las mujeres paraguayas circulan por estos negocios entre almacenes y camiones pidiendo los restos no aprovechables de verduras y frutas. Los dueños y gerentes brasileños les regalan productos que están parcialmente podridos, marchitos o con magulladuras y que, consecuentemente, no podrían ser comercializados.

Cuando logran reunir cantidades de estos productos suficientes, las mujeres se reúnen en las esquinas y, con gran habilidad, limpian y cortan los productos aprovechando aquellas partes que aún se prestan al consumo. Agrupan estos productos en bolsas transparentes y, luego, las llevan a Ciudad del Este para venderlas de puerta en puerta34. Algunas lo hacen diariamente, otras solo algunos días de la semana: “Sí, vengo una o dos veces a la semana. ¿Dónde la vendo [la mercadería]? Por ahí, con el vecino, con la amiga. Todo se vende ahí, porque no hay verdura en Paraguay: es muy caro ahí”. (Alicia, 24/07/2019).

Las actividades de pedir, seleccionar, cortar y empacar estas verduras y frutas donadas constituyen un nicho netamente femenino: no vimos ningún hombre desempeñando estas funciones. Además, cuando acompañamos las mujeres en estas actividades (trabajando para ayudarlas mientras conversábamos), ellas fueron tajantes al explicitarnos que “los hombres no pueden interferir” (Diario de campo 22/07/2019).

Por otro lado, las dos mujeres que trabajan con contrabando a mayor escala –Eulo y Sofía– nos hablaron de mejores condiciones económicas y de vida que sus connacionales involucradas en el paso de verduras y frutas: pero sus descripciones las sitúan a niveles inferiores a los mencionados por las mujeres que trabajan como mesiteras en Foz o en Ciudad del Este. El comercio desde Brasil a Paraguay aparece como un tipo inferior de actividad comercial del circuito fronterizo en los relatos de estas mujeres. Es más: muchas de las entrevistadas empleadas en diversos nichos laborales desempeñaron alguna vez como agentes de este comercio que lleva mercancías desde Brasil a Ciudad del Este, contrabandeando particularmente zapatos y ropas usadas. Ellas explicaron que estas actividades fueron su paso inicial en el comercio fronterizo: que las realizaron precisamente para reunir recursos para poner su propio negocio y, con esto, invertir el sentido de su cruce comercial (es decir, pasando a comprar en Ciudad del Este para vender en Foz).

Este es el caso de Lirio Blanco, que ahora vende comidas en un puesto de Foz, pero que, en otros momentos, participó activamente de circuitos comerciales que llevaban productos agrícolas y ropas desde Foz a Ciudad del Este e, incluso, hacia Puerto Iguazú. Sobre esto, cuenta haber transitado por pasos no habilitados, atravesando las mercancías a través del río. Los riesgos de estas actividades involucraban las condiciones de travesía, extorsiones y violencias de las mafias, grupos contrabandistas e incluso de las policías:

Y siempre yo trabajo en venta. Yo salía, compraba. Yo compraba ropa usada en Foz [Brasil] y salía en el barrio [en Ciudad del Este] a vender, así yo crie a mi hijo. Así yo crie todo. Y después me fui a Argentina a pasar mercadería; ahí vendía mercadería. Después bajó el peso [moneda argentina], no dio más para vender. Entonces yo vine acá [a Foz] ya a hace veinte años que trabajo. A Argentina llevaba fruta, verdura, así todo se vendía allá. Yo compraba del mercado de Paraguay, llevaba allá y vendía así: nosotros salíamos y vendíamos, así, poquito a poquito. Y así ganaba mucho dinero. Atravesaba Argentina por río. Era muy difícil era: agarrábamos ese bote, lancha. Pasábamos al otro lado y pasábamos por el campo. (Lirio Blanco, 23/07/2019)

Las entrevistadas explican, además, que la decisión de entrada y salida de estos circuitos se basa en cálculos estratégicos en los que se computan no solamente las rentabilidades monetarias, sino los cambios en los regímenes de control fronterizo en el Puente de la Amistad:

Y, ahora, el cambio es que no podemos pasar nada. Terminó el de anteriormente. Porque, ¿viste? Yo en un furgón casi llena me iba: llevaba zapato, ropa. ¿Y ahora qué? No tengo nada mira [muestra el volumen de las mercancías en su bolso]. Desde enero [de 2019] la pasada ya estaba así. Noviembre, diciembre [de 2018] no se pudo pasar más. Ahora más todavía peor. Porque zapato y ropa no se puede pasar. Y eso llena más plata, porque ves que la ropa, baratito, y vos poder dar. (Orquídea, 31/07/2019)

La discriminación y diferencias entre las nacionalidades también se pueden identificar como parte de las problemáticas para las mujeres que cruzan mercaderías desde Foz a Ciudad del Este. Para sortear estos problemas, ellas se asocian con conductores brasileños:

Lo que ahora más estoy llevando son los aceites, azúcares y esas cosas. Porque ahí [en el control fronterizo] se está quitando mucho. Entonces, como él [su socio] tiene vehículo brasilero, es más fácil. No le hacen tanto caso, porque hay muchos brasileros que van para allá porque tienen empresas. (Sofía, 11/10/2018)

 

 

Conclusiones

Las entrevistas realizadas con mujeres paraguayas entre el lado brasileño y el paraguayo de la Triple-frontera permiten dialogar con la literatura previa y complementar algunas de sus definiciones. A partir de la data empírica levantada, podemos establecer cuatro complementaciones.

Primero, demostramos que, en un contexto de desaceleración comercial, se fueron desarrollando otras direccionalidades del comercio que no atienden a la lógica del circuito sacoleiro descrito por Cardin (Cardin, 2012). Las mujeres paraguayas fueron recreando estos circuitos comerciales de pequeña y mediana escala, generando nuevos nichos de comercio que desplazan mercaderías desde Foz a Ciudad del Este. Con esto, generaron actividades que invierten la lógica de las redes comerciales predominantes en este territorio desde los noventa.

Segundo, nuestro estudio permite establecer nuevos roles comerciales que expanden las definiciones propuestas por los estudios previos. Mostramos que las mujeres que trabajan en los puestos fijos callejeros en Ciudad del Este son mesiteras, tal como describió Rabossi (Rabossi, 2011), pero que ahora detienen licencias: se formalizaron como comerciantes que pagan tributos municipales.

A su vez, las mujeres que vendían ropas y comidas en puestos fijos callejeros en Foz llevaban los productos que ellas mismas vendían desde el lado paraguayo, hacia el lado brasileño. Ellas no podrían ser clasificadas como sacoleiras (dado que las cantidades llevadas eran mínimas y no involucraban escalas de empresas de importación/exportación). Tampoco eran laranjas, puesto que llevaban mercancías que ellas mismas vendían. Estamos en condición de explicitar que ellas constituyen una figura del circuito sacoleiro no descripta por la literatura previa. Si bien son mesiteras, como describe Rabossi (Rabossi, 2011), no lo son como lo ha encontrado el autor, dado que ejercen en Foz y no en Ciudad del Este.

Los relatos de las trabajadoras del comercio transfronterizo dan cuenta de que ellas no ejecutan ninguna de las funciones descriptas por Cardin (Cardin, 2012), puesto que sus actividades están elaboradas en el sentido contrario del circuito sacoleiro: ellas llevan mercancías desde Brasil a Ciudad del Este. Su actuación da cuenta de una estrategia comercial desarrollada por las mujeres de muy baja renta, que lograron identificar la falta de productos de horticultura en el lado paraguayo de la frontera, generando un mercado que suple esta demanda de manera ingeniosa. Logran, así, insertarse en un servicio comercial sin disponer de capitales iniciales, usando la ingeniosa técnica de reaprovechamiento de verduras y frutas desechadas del lado brasileño de la frontera.

Tercero, nuestro estudio permite hacer una vinculación analítica con procesos de movilidad internacional femeninos que se observan a niveles regionales de forma macroescalar. En Latinoamérica, desde los ochenta, las reformas neoliberales provocaron un desempleo masivo, asociado con la precarización de las condiciones laborales en general. Debido a la persistencia de patrones de conducta patriarcales, se reproduce en diversos países de la región –entre ellos Paraguay– una división social del trabajo en la que el hombre se encarga del recurso económico (actuando en el mercado productivo), mientras la mujer se hace cargo del cuidado del núcleo familiar (Sørensen & Vammen, 2014). Con el incremento del desempleo, por una parte, y las políticas de ajustes y retirada del Estado en materia social, por otra, crece la incapacidad de los hombres de responder a las demandas de la familia. Esto deviene en procesos masivos de ruptura familiar (con el abandono del hogar por parte de la figura masculina), realidad que se incrementó entre los sectores sociales más pobres y de clase media baja, provocando que las mujeres pasaran a asumir solas las tareas productivas y reproductivas. Esta doble responsabilidad constituyó un incentivo central a la migración internacional femenina (Guizardi et. al., 2018). Pero, como vemos en el caso de las mujeres paraguayas que cruzan para trabajar en Foz, también constituyó un incentivo a la movilidad transfronteriza. Notamos, en nuestro trabajo de campo, que las mujeres más pobres son, precisamente, las que buscan estrategias transfronterizas de empleabilidad para afrontar la sobrecarga productiva/reproductiva.

Con esto, podemos replantear el argumento tantas veces repetido en los estudios migratorios, según el cual los más pobres de un país no se desplazan internacionalmente (Grimson, 2011, p. 36). Si bien es cierto que las mujeres más pobres de nuestra muestra de entrevistas no emigraron a través de itinerarios de larga distancia (hacia grandes capitales de los países del entorno, o hacia el norte global), sí establecen la movilidad fronteriza como una alternativa productiva. Así, estos relatos nos permiten observar que las más pobres entre nuestras entrevistadas son, precisamente, aquellas que están más sobrecargadas productiva y reproductivamente; y aquellas que establecen estrategias laborales transfronterizas como manera de sobrellevar esta sobrecarga.

Cuatro, los datos empíricos derivados de nuestro estudio de caso y los análisis desarrollados en el presente artículo abren una nueva línea de indagaciones sobre la relación entre el empoderamiento y la reproducción de las desigualdades de género a través de la inserción femenina en el comercio fronterizo. En las secciones empíricas de este texto, vimos cómo el trabajo comercial ayuda a resolver algunas de las asimetrías de género y violencias enfrentadas por las mujeres, al paso que las expone a nuevas formas de vulneración. Un próximo paso analítico en este sentido sería profundizar en esta tensión dialéctica, indagando específicamente en cómo la violencia se articula en las vidas de estas mujeres con sus inserciones laborales, con su sobrecarga reproductiva y, además, con sus movilidades transfronterizas.

 

 

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  1. 1 Doctora en Antropología Social, Máster en Estudios Latinoamericanos, Cientista Social. Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Argentina (CONICET) en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín (Buenos Aires, Argentina) e investigadora externa Universidad de Tarapacá (Iquique, Chile). Avda. Roque Saenz Peña, 832, 6° Piso, CP 1035. Buenos Aires, Argentina. Correo electrónico: menaraguizardi@yahoo.com.br
  1. 2 Antropólogo Social. Profesor colaborador Universidad Alberto Hurtado (Santiago, Chile). Pedro Marín 2614, CP 7770204, Santiago, Chile. Correo electrónico: enazalmoreno@gmail.com
  1. 3 Doctoranda en Planificación Territorial y Desarrollo Socioambiental, Universidade do Estado de Santa Catarina (UDESC, Brasil). Investigadora asociada del Instituto de Estudios Internacionales (INTE) de la Universidad Arturo Prat, Chile. Rua Estrela do Mar, 106, CP 88061-350, Florianópolis, Brasil. Correo electrónico: linamachadomagalhaes@gmail.com
  1. 4 Doctora en Sociología, Magister en Estudios Culturales, Socióloga. Académica e investigadora de la Universidad de Tarapacá (Chile), investigadora asociada del COES (Chile). Silvina Hurtado 1917, CP 7500000, Providencia, Santiago, Chile. Correo electrónico: cstefoni@gmail.com
  1. 5 Especialmente el tráfico de drogas y mercancías, el crimen organizado (Costa & Schulmeister, 2007) y la trata de mujeres y menores con fines sexuales (Organización Internacional del Trabajo, OIT, 2002; Zsögön, 2013).
  1. 6 Tenía una población de 42.849 personas en el último censo argentino del 2010 (Dachary & Arnaiz, 2012).
  1. 7 En el último censo paraguayo (del 2012), tenía 312.652 habitantes (Albuquerque, 2012, p. 190).
  1. 8 En el último censo brasileño (2010), tenía 256.081 habitantes (Albuquerque, 2012, p. 191).
  1. 9 En este periodo, Argentina optó por reducir la presencia estatal y poblacional en las ciudades fronterizas con Brasil (Grimson, 2002).
  1. 10 La centralidad estratégica de la triple-frontera fue potenciada por el gobierno brasileño durante los mandatos de Lula da Silva (2002-2005; 2006-2011) y Dilma Rousseff (2011-2014; 2014-2015). Ambos concebían a la Triple-frontera como eje aglutinador de los intercambios regionales sudamericanos, lo cuales constituían una de las principales agendas políticas de inserción internacional de la economía brasileña por aquellos años. Planificaban convertir la ciudad en un eje articulador del Mercosur (Alarcón, 2019, p. 33).
  1. 11 En portugués brasileño, además de aludir a la fruta, la expresión “laranja” [naranja] es sinónimo de “testaferro”.
  1. 12 Se establece que cada persona mayor de edad puede cruzar la frontera de Ciudad del Este al lado brasileño con el valor equivalente a hasta 300 dólares estadounidenses en mercaderías (los menores de edad pueden llevar la mitad). Así, muchos comerciantes contratan los laranjas o paseros para dividir el traspaso fronterizo de sus mercancías entre diversos particulares hasta el tope permitido, evadiendo el pago del impuesto aduanero.
  1. 13 La expresión alude a que venden sus mercancías sobre “mesitas” desplegadas diariamente en la calle (Rabossi, 2011, p. 86).
  1. 14 En el auge de la afluencia de compradores brasileños/as a Ciudad del Este (en 1998), la Federación de Trabajadores de la Vía Pública de Paraguay contabilizó 6000 mesiteros/as en la localidad (Rabossi, 2011, p. 86).
  1. 15 También se suma a estas acciones las políticas desarrolladas por el gobierno del estado brasileño del Paraná, donde se localiza la ciudad de Foz. En 2004, el gobierno estadual inició el plan “Foz Segura” (Kleinschmitt, 2016, p. 46) con el objetivo de reducir las elevadas tasas de violencia locales. La mayor parte de las acciones de fiscalización, empero, tuvieron como efecto la punición del contrabando a pequeña escala y la reorganización de sus redes espaciales que se distendieron hacia municipios cercanos (Cardin, 2011, p. 127-129).
  1. 16 Las políticas de seguridad implementadas por el gobierno brasileño desde 1994 hasta 2016 provocaron al menos tres grandes ciclos de reorganización de los usos de los espacios fronterizos por los comercios legales e ilegales (Kleinschmitt, 2016, p. 40). El más reciente de ellos se inició en 2011, con la creación de la Estrategia Nacional de Seguridad Pública en las Fronteras brasileñas (ENAFRON) (Kleinschmitt, 2016, p. 41).
  1. 17 Los cuidados constituyen una categoría compleja de análisis que explica cómo se reproduce socialmente la vida (Gonzálvez, 2016). Glenn (Glenn, 2010) señala que el cuidado envuelve tres tipos de actividades. Primero, el cuidado directo dirigido a las personas, que incluye la atención física (alimentación, baño, aseo), emocional (escuchar, hablar, ofrecer consuelo) y servicios para ayudar a la gente a cubrir sus necesidades (comprar comida, ir de excursión). Segundo, el mantenimiento físico de los alrededores donde la gente vive (cambiar la ropa de cama, lavar la ropa, limpiar el suelo). Tercero, el trabajo de fomentar las relaciones y conexiones sociales (el “trabajo de parentesco”). Todas estas actividades, cultural e históricamente feminizadas, hacen que la vida sea posible, pero resultan en una sobrecarga que desencadena desventajas para las mujeres.
  1. 18 Los mandatos de género constituyen aquellas construcciones morales, relacionales, afectivas, políticas y económicas que, establecidas como sistemas de significados y sentidos dominantes, permiten la vigencia y a la continuidad de las desigualdades de género. Ellas forman relaciones sociales estructuradas que coordinan no solo la manera como la gente se relaciona y posiciona, sino también las posibilidades de tránsito y/o permanencia. Las personas viven estos mandatos como componentes de su sentido de personalidad. A través de ellos, la adscripción de género produce una articulación entre la dimensión estructural social (a niveles locales y globales) y la composición de la agencia subjetiva (sea ella individual, colectiva o comunitaria) (Mills, 2003).
  1. 19 Agradecemos a la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile (ANID) que financia este estudio a través del proyecto Fondecyt 1190056: “The Boundaries of Gender Violence: Migrant Woman’s Experiences in South American Border Territories” (2019-2023).
  1. 20 El trabajo de campo en la Triple-frontera del Paraná implicó desafíos importantes para el equipo. Investigadores e investigadoras hemos sufrido acoso sexual callejero, hemos presenciado circunstancias violentas y también de enorme vulnerabilidad social. Hemos sorteado estas dificultades estableciendo redes de apoyo con personas y organizaciones locales y también con las mujeres paraguayas entrevistadas. No es nuestro objetivo profundizar en estas complejidades metodológicas –tarea a la que nos dedicaremos en otros escritos–, pero nos parece importante sincerar las dificultades que han atravesado el proceso de investigación y que tuvieron efectos emocionales importantes para el equipo.
  1. 21 Nuestras colaboradoras fueron anonimizadas y aparecen bajo seudónimos o iniciales (según su elección).
  1. 22 El segundo nicho de empleos más mencionado fue el trabajo doméstico remunerado: 15 de ellas tuvieron experiencias en este rubro. Pero solo dos mujeres desempeñaban en este nicho en el momento de la entrevista.
  1. 23 Todas las mujeres entrevistadas declararon sentirse sobrecargadas con la conciliación entre las tareas productivas y reproductivas. Esta sobrecarga impacta, además, sus remuneraciones y las horas que pueden dedicar a las actividades productivas. Asimismo, 8 mujeres declaran que interrumpieron o limitaron su inserción productiva debido al embarazo, crianza de sus hijos o cuidado de familiares. El trabajar menos para poder dedicar tiempo para sus hijos/as puede ser visto como algo limitante (como en el caso de Alicia, Paloma y María 2), pero también como un deber.
  1. 24 Esto por la diferencia de esfuerzo que demanda el trabajo ambulante: según sus apreciaciones, vender caminando por las calles sería mucho más desgastante y demandante en términos físicos. Consecuentemente, ellas buscaban establecerse en puntos fijos apenas lograran reunir los capitales para poner su propio puesto callejero. Otras, buscaban emplearse en tiendas comerciales.
  1. 25 Los tres grupos demandan el manejo del portugués brasileño. La totalidad de nuestras entrevistadas era trilingüe: se manejaban en castellano, portugués y guaraní.
  1. 26 En el microcentro de Ciudad del Este, las mujeres desempeñan, además, como vendedoras de los grandes magacines. Pero el empleo en estas grandes tiendas implica haber tenido acceso a la educación formal por lo menos hasta terminada la secundaria y el dominio del inglés (además del portugués, guaraní y castellano). Las mujeres mencionan, además, que los empleadores seleccionan a estas vendedoras por su apariencia, discriminando las mayores y dando prioridad a las que atienden a cánones de belleza de la industria cosmética y del vestuario internacionales. Todo esto convierte el trabajo en las grandes tiendas en un nicho inaccesible para muchas mujeres. Por otro lado, observamos que el trabajo como vendedor en las tiendas de mediana escala está caracterizado por el protagonismo masculino: las mujeres son minoría en ellos, actuando en la limpieza o sirviendo cafés (Diario de Campo, 27/07/2019). Las tiendas de mediana escala son aquellas que se localizan en las galerías comerciales del centro de Ciudad del Este. Emplean entre 5 y 10 vendedores y son regentadas, en su mayoría, por brasileños y árabes. Las hay de diferentes rubros: electrónicos, perfumería, piezas de automóvil.
  1. 27 La mayor parte de estos compradores son brasileños.
  1. 28 Solo una de nuestras entrevistadas nos contó que prefería trabajar del lado paraguayo porque se sentía más segura sobre los conocimientos necesarios para el ejercicio de la función en su país de origen: “Trabajo solo por acá, nomás. Porque acá tengo más experiencia: conozco el trabajo, sé trabajar, de dónde traer mercadería, todas esas cosas” (Lirio, 30/07/2019).
  1. 29 Otras mujeres indicaron haber accedido a los capitales iniciales a través de cooperativas populares de crédito: entidades que permiten a las mujeres que no acceden al sistema bancario generar alternativas de capitalización con bajas tasas de interés: “Entonces, decidí independizarme emprendiendo. Sí, porque acá es una ciudad donde si tenés ingenio, podés salir adelante. Había ahorrado con la cooperativa y así. AKP se llama [la cooperativa]. Tienes que asociarte, pagás la cuota. Una cooperativa. Si tenés de todo ahí, tenés servicio médico. No es gratis: pero es más barato. Quitás plata para emprender. Es una cooperativa, no es banco: es una cooperativa” (Mujer paraguaya, 29/07/2019).
  1. 30 Conocidos genéricamente como “árabes”, muchos de estos comerciantes son sirios y libaneses que se establecieron en la región ya desde los años sesenta y setenta (Renoldi, 2015, p. 418). Ver: Karam (2013).
  1. 31 Entre las que no trabajaban en el comercio (6 mujeres), los nichos de empleo se dividían de la siguiente forma: 2 trabajaban en restaurantes (R.B.A. como camarera, Clara como cocinera); 1, Guerrera, trabajaba como operaria de un frigorífico; 2 como auxiliares de limpieza (Águila en residencia particular y G., en oficina pública); 1, Angélica, como funcionaria municipal.
  1. 32 Después de las 17:00 las calles comerciales del barrio de Vila Portes se transforman: el comercio se cierra y las calles dan cobijo a otras transacciones vinculadas al tráfico de drogas y de mercancías. Diversas personas relataron sentirse inseguras en este sector después de este horario.
  1. 33 Otros estudios sobre trabajadoras paraguayas en Foz de Iguazú también verifican situaciones similares en otros nichos de empleo (entre ellos, los vinculados con el servicio doméstico). Ver: Báez (Báez, 2017); Lima y Cardin (Lima & Cardin, 2019); Profit (Profit, 2015).
  1. 34 Las mujeres que lograron acumular algunos capitales con esta actividad, incluso llegan a contratar paseros para ayudarlas a llevar las mercancías al lado paraguayo.