Cartografías en la intervención del  Trabajo Social familiar

Cartographies in Family Social Work Intervention

Fecha recepción: noviembre 2025 / Fecha aceptación: mayo 2026

DOI: https://doi.org/10.51188/rrts.num36.03

ISSN en línea 0719-7721 / Licencia CC BY 4.0.

RUMBOS TS, año XXI, Nº 36, 2026. pp. 61-90

Víctor Yáñez-Pereira

Doctor y Posdoctor en Trabajo Social, Universidad Nacional de Mar del Plata – Argentina.
Asistente Social, Licenciado en Trabajo Social. Magíster en Trabajo Social y Políticas Sociales, Universidad de Concepción. Docente con jerarquía de Titular Investigador, Director Académico de Postgrado y del Magíster en Trabajo Social, en la Universidad Autónoma de Chile.
Director de la Red Internacional de Investigación en Trabajo Social (RIITS)

Autor para correspondencia.

Av. Alemania 1090, Temuco, Chile. Código postal: 4810101.

Correo electrónicovyanezp@uautonoma.cl

ORCIDhttps://orcid.org/0000-0002-6963-236X

Ronald Zurita-Castillo

Trabajador Social por la Universidad de Concepción. Magíster en Gerencia Social por la Universidad de la Frontera, Chile. Cursa estudios de Doctorado en Trabajo Social,
Universidad Nacional de la Plata. Diplomado en Promoción y Protección Integral de la Infancia y la Adolescencia. Académico en la Universidad Autónoma de Chile, sede Talca.

Correo electrónicoronald.zurita@uautonoma.cl

ORCIDhttps://orcid.org/0000-0002-6585-6438

Valentina Contreras-Vera

Trabajadora Social, Licenciada en Trabajo Social con mención en Gestión de Políticas Públicas, estudiante de Magíster en Trabajo Social en la Universidad Autónoma de Chile.

Correo electrónicovalentina.contreras4@cloud.uautonoma.cl

ORCIDhttps://orcid.org/0000-0002-2021-1185

Alan Retamal-Aravena

Trabajador Social, Licenciado en Trabajo Social con mención en Gestión de Políticas Públicas, Diplomado en Alta Dirección, Magíster en Evaluación y Formulación de Proyectos,
Universidad Autónoma de Chile. Académico e investigador en la Carrera de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Chile.

Correo electrónicoalan.retamal@cloud.uautonoma.cl

ORCIDhttps://orcid.org/0009-0004-3206-9149

Resumen

El artículo examina el uso de la categoría “cartografías sociales” para mapear la complejidad en realidades contemporáneas, y las “cartografías familiares” como método de intervención en el Trabajo Social. Aborda el conocimiento sobre su conceptualización, problematización y aplicación en la literatura científica de la disciplina, con una metodología cuantitativa de enfoque exploratorio-descriptivo y un diseño bibliométrico transeccional, con bases de datos Scopus y Web of Science, para identificar tendencias, patrones de crecimiento y autorías prominentes. Los hallazgos indican que las cartografías actúan como catalizadoras en la comprensión de saberes subalternos y ámbitos de incidencia para el cambio social, con evolución y amplia utilidad a nivel disciplinar.

Palabras clave

Comprensión social; intervención; cartografía familiar; método participativo; Trabajo Social

Abstract

The article examines the use of the category “social cartographies” to map the complexity of contemporary realities, and “family cartographies” as a method of intervention in Social Work. It addresses the knowledge regarding their conceptualization, problematization, and application in the scientific literature of the discipline, using a quantitative methodology with an exploratory-descriptive approach and a cross-sectional bibliometric design, utilizing Scopus and Web of Science databases to identify trends, patterns of growth, and prominent authors. The findings indicate that cartographies act as catalysts in understanding subaltern knowledge and areas of influence for social change, with significant evolution and broad utility at the disciplinary level.

Keywords

Social understanding; intervention; family cartography; participatory method; Social Work

Introducción

No es desconocido que la intervención del Trabajo Social familiar ha enfrentado constantes y consistentes renovaciones, no solo en sus lógicas sino además en sus definiciones y métodos. Eso, con miras a descifrar, interpretar, explicar y abordar los modus vivendi contemporáneos, es decir, maneras de vivir la vida definidas y proyectadas por las ciudadanías, según sus intereses, deseos, derechos y posibilidades (Yáñez-Pereira, 2023).

Desde tal mirada, Suárez Bimbatti (2021) destaca la importancia de cultivar enfoques aptos para reconocer y legitimar la multiplicidad de formas en que se expresa la vida familiar, confrontando entornos cambiantes y mediados por constantes adaptaciones que impone la llamada sociedad del conocimiento y la globalización (Castells, 2009; Sacristán, 2013; Sandoval, 2008).

Al respecto, Segado (2011), asintiendo que el análisis de las familias ha sido abordado por disciplinas como la sociología, psicología y antropología, plantea que desde Trabajo Social su estudio no puede desvincularse de dimensiones contextuales que orientan y afectan su desarrollo. De hecho, precursoras como Hamilton (1960) y Richmond (1995) subrayaron que deben ser concebidas como núcleos relacionales donde se tensionan procesos tanto individuales como sociales, que las intervenciones profesionales no deben desconocer.

Por su parte, Del Fresno García (2011) y Quintero (2003) concuerdan que la modernidad exigió que estas configuraciones sean entendidas tanto en sentido adaptativo como vinculante con la historia y la sociedad. Esto, pues allí radican las contradicciones que envuelven a las familias en tensiones entre niveles estructurales y cotidianos que, de un lado, pueden perpetuar dependencias y, de otro, abrir espacios de emancipación y empoderamiento (Guerrini, 2009; Suárez Bimbatti, 2021).

En tal intersección, la disciplina de Trabajo Social ha de recuperar y resguardar el poder de las familias como vector de agencia ciudadana (Yáñez-Pereira, 2013) y, a su vez, como fuente de recursos para activar la dinámica social (Aylwin y Solar, 2003). Por tanto, basados en los aportes de Giddens (2000), podemos señalar que el potencial de sus procesos, cambios y prácticas están condicionados por los impactos de una modernidad radicalizada, que permea no solo su composición y demografía, sino también sus géneros, estilos y condiciones de vida (Yáñez-Pereira, 2023).

Allí emanan demandas que reclaman respuestas entre necesidades domésticas y dispositivos económicos, culturales y políticos más amplios. Para Trujano (2011), tales respuestas son expresión de la reflexividad de las instituciones contemporáneas, y su mutación hacia modelos sociopolíticos más flexibles y equitativos, en contraste con el desanclaje histórico que enfrentan las ciudadanías (Giddens, 1999), ante la incertidumbre de escenarios emergentes que surgen más allá de una diferenciación lineal y separación simplista entre mundo público y mundo privado.

La sociedad contemporánea va forjando nuevas constelaciones relacionales, crisis en modelos tradicionales y reconstrucción de los espacios que habitamos, no solo en sentido físico, geográfico o material, sino también emocional, cultural, simbólico (Jadue, 2003; Rodríguez et al., 2022). Recordemos que el concepto de territorio conlleva la idea de espacio socialmente construido y, por tanto, cargado de sentido e identidad, donde la configuración de las familias siempre se concatena con entornos tanto próximos como lejanos.

En consecuencia, las prácticas de convivencia se van organizando y modificando en referencia a códigos gubernamentales y no gubernamentales, productivos y de mercado, científicos y tecnológicos, éticos y estéticos, etc. De ahí que siguiendo los aportes de Giddens (2006) y Bourdieu (2012), sostenemos que las prácticas familiares y, por ende, ciudadanas, no están restringidas a dinámicas de reproducción social, sino que conjuntamente las crean y modifican.

De hecho, acciones cotidianas como el trabajo, el cuidado, la participación o la protesta, así como mantienen reglas impuestas por la sociedad, además, generan recursos que van permeando estructuras. Entonces, cuando la cotidianidad de la vida familiar es puesta en interrogación, abierta a la crítica y la argumentación, se desencadenan efectos que, a su vez, perturban los modos de concebir e interpretar las jerarquías de lo social (Rizzo, 2012), donde los territorios de transformación constituyen campos de lucha en que las prácticas ciudadanas desafían la distribución del orden, la estratificación de la sociedad y los dispositivos hegemónicos de poder.

Acá, entra en juego la genealogía de la participación, que en el caso de la pluralidad de modus vivendi contemporáneos exige a Trabajo Social resignificar la manera de abordar sus intervenciones. Hablamos de pasar de un enfoque técnico, normativo y operativo, hacia procesos democratizantes que, por ejemplo, sitúan a las familias como configuraciones de agencias ciudadanas, para desnaturalizar discursos y reglas históricas que moldean, determinan y disocian lo cotidiano y lo social.

Tradicionalmente, el enfoque genealógico se centraba en el rastreo de linajes de parentesco, tanto ascendentes como descendentes, incluyendo desviaciones en las trayectorias (Wagner, 2018), pero, enfocado en ordenamientos estáticos, conexiones de procedencia y relatos nominales (Kessler, 2018). En contraste, lo contemporáneo reclama validar lo diverso, el diálogo y el consenso entre buen vivir y bien común.

Al respecto, las influencias de Nietzsche (2003) y Foucault (1988) en la fructificación de una perspectiva genealógica que supera la razón moderna, nos ayudan a comprender las familias como construcción histórica y contingente, en lugar de una entidad naturalmente dada en cuanto a su constitución, roles, funciones. Se configuran entre cosmologías, cosmovisiones y concepciones sobre los cuerpos, la sexualidad, la filiación, la subjetividad, impuestas por regímenes deveridicción (Giavedoni, 2012)1 y pudiendo ser asumidas inconscientemente o bien contrastadas en la convivencia.

Desde esta mirada, Trabajo Social se ve llamado a poner en ruptura el modelo hegemónico de comprensión e intervención familiar. Una opción podemos encontrarla en intervenciones asentadas en el método de cartografías, para visibilizar fortalezas y potencialidades de las familias, así como sus determinantes, vacíos y oportunidades en la garantía de derechos humanos y fundamentales de sus miembros.

En consecuencia, si a partir de las cartografías se mapean críticamente realidades y contextos, tomando conciencia de situaciones sociales y aprendiendo a articular demandas ciudadanas (Cornwall, 2008), es posible que la intervención logre articular memorias, conflictos y proyecciones de vida (Cortés, 2021). Así, las actuales configuraciones familiares serían reconocidas como redes de conexiones fluidas (Deleuze y Guattari, 2004), orientadas al cuidado, la protección, la educación para la vida y el amor, con la finalidad social de cultivar nuevos modus vivendi legitimados por su capacidad de creación política de ciudadanías.

Cartografías de lo social. Comprender la complejidad de las familias en la sociedad contemporánea

Las cartografías de lo social poseen un poder performativo, capaz de develar y poner en acto tensiones, patrones y tendencias gestadas entre dinámicas políticas, culturales y económicas de la sociedad contemporánea. Ilustran relaciones que se configuran histórica e ideológicamente, objetivando desigualdades, injusticias y exclusiones, como también oportunidades de desarrollo y bienestar, al ir testeando horizontes de transformación que, en el caso de Trabajo Social, posibilitan repensar nuestras propuestas de intervención, así como el sentido de políticas públicas, sistemas reglamentarios y servicios.

Deleuze y Guattari (2004) indican que las cartografías permiten construir lo social sin caer en dicotomías impuestas por narrativas deterministas, cuyas contradicciones son invisibilizadas a través de sus propias reglas del juego. La comprensión crítica que signa a estas cartografías confronta las estructuras existentes para transformarlas, reflejando luchas y resistencias de colectivos subalternos para reconfigurar lo social.

Actualmente, el mundo se percibe a través de aquello que puede proporcionar placer y satisfacción individual, en un umbral de autonomía personal cada vez más explícito (Simmel, 2010), lo que amenaza con la pérdida del sentido de comunalidad, eje constitutivo y constituyente de cualquier colectivo humano, incluidas las familias. Nos referimos al aprendizaje conjunto de lo vivencial, que fortalece el entendimiento integral y profundo de hacer la vida en común, fundada en la interdependencia temporal y espacial en que se fragua la historia entre nosotros (Martínez - Luna, 2015).

La sociedad capitalista globalizada (Robinson, 2021) refuerza el principio de “primero yo” (Lipovetsky, 2012), superponiéndolo a la solidaridad y distanciándonos de lo colectivo (Tocqueville, 2012). Es un fenómeno que ayuda a comprender cómo el individuo contemporáneo se relaciona tanto consigo mismo como con su entorno, no solo en ámbitos interpersonales, también en prácticas cotidianas, como el consumo excesivo, la búsqueda constante de placer y la satisfacción de deseos narcisistas (Medina-Mondragón, 2014), asumiendo patrones de comportamiento dados e incluso, dejando de lado la autenticidad y la diversidad (Bauman, 2006).

Siguiendo a Foucault (2012), un antídoto a esta despersonalización que quebranta la condición humana, la podemos encontrar en la necesidad imperante de configuraciones sociales, entendidas como redes de relaciones de poder descentralizadas que emergen y cambian en cada interacción y práctica social. Esta visión permite observar las configuraciones familiares contemporáneas y, por consiguiente, sus modus vivendi ciudadanos, como tramas dinámicas y vinculantes, donde cada agente influye en el otro y, a la vez, es influenciado e influencia al contexto social (próximo o lejano).

Las configuraciones sociales superan el carácter fiscalizador de dispositivos de dominio (Rancière, 2024), a partir del diálogo de los agentes con los acontecimientos (Badiou, 2013; Žižek, 2018) y la resignificación de controversias históricas que impactan la conciencia individual y colectiva (Voloshinov, 2000), no solo en ámbitos de bienestar objetivo, sino además en materias de bienestar subjetivo.

Acá, las cartografías de lo social favorecen la deconstrucción de dichas disputas históricas, a partir de la interpelación de los acontecimientos en los juegos de lenguaje (Wittgenstein, 2007) y significados compartidos en formas y contextos cotidianos de las ciudadanías. Es ahí, donde la intervención de Trabajo Social no solo se ha de enfocar en resolver problemas y satisfacer necesidades, sino también en reinterpretar el saber colectivo, promoviendo mayor inclusión y justicia en la comprensión de la vida en sociedad.

Tradicionalmente, la categoría se asociaba con la creación de mapas convencionales que contenían datos sobre demografía, densidad poblacional o características físicas del territorio. Sin embargo, desde hace al menos tres décadas, ha sido adaptada para enriquecer el campo de las ciencias sociales en su conjunto (Cavalleri et al., 2023). John Harley (2001) propone una interpretación del mapa como una construcción social. En esta visión, el/la cartógrafo/a sería un/a observador/a crítico/a, situado en un contexto histórico y político específico, cuyo conocimiento está permeado por las dinámicas de poder y las relaciones sociales de su época, al igual que las ciudadanías con las que trabaja e interactúa.

Ahora bien, para Trabajo Social las cartografías aportan a interpretar y explicar mapas de relaciones, que son productos culturales, manifestación del conocimiento y el poder, los cuales operan más como un texto que como un reflejo objetivo de la realidad. Así, se van creando referencias que, al igual que los documentos históricos, expresan lazos y prácticas inmersas en un espacio y tiempo (Cavalleri et al., 2023).

La cartografía social ha de definirse, entonces, como un proceso dinámico que fomenta la coproducción de conocimiento al involucrar activamente a las ciudadanías en la creación de mapas que reflejan sus experiencias y percepciones (Diez-Tetamanti y Rocha, 2016). Kastrup (2014) enfatiza que ayudan en el significativo compromiso de la memoria transferida, la memoria vivida y la memoria argumentada, como elementos clave en la construcción de lo social.

Eso es posible al movilizar la reflexión crítica de los/as involucrados/as, no solo sobre las problemáticas existentes, también respecto al sentido de pertenencia y empoderamiento. Su interés por el diálogo significativo facilita la comprensión, la participación y la incidencia ciudadana en la construcción de su saber, elecciones y deliberación de cursos de acción.

En este marco, la intervención contaría con una gran riqueza en posibilidades de exploración (Diez-Tetamanti y Chanampa, 2016), pero, además, como mediadora de un conjunto de respuestas significativas, a través de propuestas a gran o pequeña escala, estructurales o locales, que busquen reivindicar derechos, fomentando gobernanzas más democráticas y nuevas relaciones de poder (Martínez Celorrio, 2017).

Tengamos en consideración que, como señala Arendt (2016), el poder es un fenómeno colectivo que surge a través de la acción y el discurso compartido, por lo que Trabajo Social debe facilitar alianzas de cooperación y/o de gestión de conflictos. Dichas relaciones se encuentran integradas en la vida cotidiana, afectando a las ciudadanías tanto a nivel práctico como emocional (Heller, 2002), por lo que las cartografías ofrecerían aportes sustantivos al despliegue, innovación y fortalecimiento de la intervención familiar.

Cartografías Familiares. Método innovador de intervención en el Trabajo Social

En contextos contemporáneos las familias experimentan cambios radicales (Carnoy, 1999), que no siempre encajan en las definiciones legales y económicas tradicionales. De hecho, hoy en día, las familias nucleares de composición heterosexual, casada con hijos, fundadas en la ideología funcional burguesa, no representan el modelo predominante en la sociedad contemporánea (Beauregard et al., 2009).

Sanfeliu et al. (2014), señalan que las familias cambian y evolucionan con el desarrollo de sus integrantes, por lo cual debemos entenderlas como espacios de relaciones complejas en los que se entrelazan poderes, emociones y subjetividades. Eso, por cuanto son formadoras de ciudadanías (Ramos, 1999) y están involucradas en la resolución de problemas sociales, mediante su implicación política y sub-política con el bien común y el buen vivir (Pereira, 2019).

De esta manera, forman puentes entre esfera pública y privada reforzando la búsqueda del bienestar, dando cuenta y denuncia de áreas donde las matrices y políticas públicas no alcanzan o donde persisten desafíos sin resolver (Martínez Celorrio, 2017). Si bien, los cambios en las políticas han puesto la atención hacia un modelo más individualista, de vulnerabilidad y de responsabilidad centrada en la sociedad civil (Hafford-Letchfield et al., 2014), la contribución del Trabajo Social se hallaría, a la inversa, en fomentar la participación ciudadana y robustecer las relaciones familiares, colectivas y territoriales (Lindsay et al., 2010).

Morris (2012) enfatiza que las familias no pueden seguir siendo abordadas desde un paradigma de riesgo o de recursos, sino como diría Nussbaum (2012), es necesario ir a un enfoque de oportunidades y capacidades. El interés no estaría en el déficit, sino en comprender que la diversidad en las configuraciones familiares es ante todo una potencialidad y que para trabajar esa potencialidad es indispensable insertarnos en sus modus vivendi.

Por consiguiente, la premisa sería salir del discurso negativo centrado en la vulnerabilidad y precarización de la vida (Murray y Barnes, 2010; Ribbens McCarthy et al., 2013), deconstruyendo la multifacética complejidad de sus relaciones tanto en tramas internas como contextuales y sociales. La deconstrucción (Derrida, 2003), nos aporta una visión que apunta a revisitar la idea de poder, posiciones y normas que afectan a las familias, no solo como proceso vinculante, sino también como categoría de comprensión y objeto de estudio.

Aquello es pertinente, en el marco de cuestionamientos a los mecanismos hegemónicos que estabilizan desigualdades sociales, a partir de formas de dominación que subyacen en sus configuraciones históricas e ideológicas. Su desnaturalización reclama un acercamiento cuidadoso a las narrativas de las ciudadanías, ya que las identidades no son estáticas, sino que se reconfiguran a través de las historias compartidas (Ricoeur, 2003).

Al configurarse y deconstruirse, las familias se constituyen de modo rizomático, mediante entramados flexibles y sin jerarquías rígidas (Deleuze y Guattari, 2004). El rizoma representa una estructura organizativa y relativa o inestable, en la cual las conexiones entre los componentes son múltiples y no lineales, promoviendo una visión adaptativa que responde a las circunstancias cambiantes de la vida, en paralelo al auge económico, los avances tecnológicos, los cambios políticos y sociales que marcan cada época y sociedad.

Eso muestra que la familia es una trama integrada, regida por reglas sociales y juegos de lenguaje, cuyas situaciones de vida adquieren significación en la medida en que se realizan y se transforman (Morris et al., 2015). En este sentido, para la intervención de Trabajo Social las cartografías ofrecen mayor integridad en su inserción en mundos de vida y modus vivendi, no solo para el análisis socioespacial, sino también para visualizar y comprender las intrincadas tensiones entre estructuras sociales, dinámicas familiares y sus entornos circundantes (Bessant, 2003; Mulgan y Albury, 2003).

Si bien en la literatura especializada a nivel disciplinar, expandida por Hartman desde los años 70 (Ávila, 2022; Fernández y Ponce de León, 2019), se incorporan y fundamentan técnicas visuales, relacionales y de mapeo a conexiones y componentes, como el ecomapa, genograma, mapa de vínculos, mapa de redes, sociograma, etc., enfocados en analizar interacciones familiares y sistemas de apoyo a familias (Borrego y Gualdrón, 2021; Ceberio, 2018; Holman, 1983; McGoldrick y Gerson, 2000; Suárez Cuba, 2015), estos no responden intrínsecamente a la lógica cartográfica como tal. Navarro Bulgarelli (2019) sostiene que las cartografías contribuyen a analizar realidades particulares, pero en un marco de referencia global-estructural, lo que favorece reconocer que las configuraciones familiares siempre se encuentran en evolución y en acoplamiento con una sociedad y su época (Sanfeliu et al., 2005).

El enfoque del método de cartografías auspicia el reconocimiento de ejes críticos para el pleno ejercicio de derechos humanos y justicia social. En el ámbito familiar, por ejemplo, ante la persistencia de códices clásicos, patriarcales y coloniales que impactan los modus vivendi y subjetividades contemporáneas, pero, además, de modificaciones en la ciencia, filosofía, ética y política que responden a deconstrucciones y reconstrucciones en tramas familiares cotidianas que producen, reproducen y transforman el campo de lo social (Barg, 2009).

Ahora bien, siguiendo a Colombani (2005, 2008) postulamos que las cartografías familiares ayudan a desmitificar relaciones de poder y violencia, al modo como se insinúa en la Teogonía de Hesíodo, que no es solo un relato sobre el origen de los dioses, sino una reflexión respecto del orden, la lucha por el poder y la condición humana (Colombani, 2016). Eso por cuanto, en todas las dinámicas familiares se reflejan tensiones y amenazas entre autonomía y dependencia, emancipación y opresión, que rigen las vidas y experiencias de las ciudadanías.

En ese sentido, la cartografía familiar se presenta como un método valioso en la intervención, para empoderar a las ciudadanías al legitimar sus propias capacidades y potencialidades, a través de un mapa de aquello no inmediatamente visible (Montoya, 2007). Es un modo de mapear distintas dimensiones en que la vida cotidiana reproduce la dinámica social como, por ejemplo, la ecosistémico-poblacional, la temporal-social y la temática (Barragán y Amador, 2014).

En rigor, las cartografías familiares constituyen una invitación a que la intervención de Trabajo Social aporte innovación al significado sobre lo ya existente (Grisolia y Ferragina, 2015), tanto a nivel micro como macrosocial (Guo y Fraser, 2015; Lenfant, 2003).

Metodología

A pesar de los avances en este campo, persisten lagunas en el conocimiento sobre el uso y las aplicaciones específicas de cartografías en contextos familiares. El propósito de la investigación fue indagar en el uso de la categoría “cartografías sociales” y la de “cartografías familiares” como método de intervención de Trabajo Social, acorde a la producción científica de la disciplina. Para ello se empleó una metodología cuantitativa de profundidad exploratoria-descriptiva (Hernández-Sampieri et al., 2014), con miras a abordar fenómenos menos examinados. El estudio adopta un diseño bibliométrico (Donthu et al., 2020, 2021; Hashemi et al., 2022), de carácter transeccional.

En cuanto al procedimiento de recolección de datos, se realizaron dos aproximaciones bibliométricas el día 14 de octubre de 2025, a la base de datos de Scopus y a la colección principal de Web of Science, en índices: Science Citation Index Expanded (SCI-EXPANDED), Social Sciences Citation Index (SSCI), Arts & Humanities Citation Index (AHCI), Conference Proceedings Citation Index – Science (CPCI-S), Conference Proceedings Citation Index – Social Science & Humanities (CPCI-SSH), Book Citation Index – Science (BKCI-S), Book Citation Index – Social Science & Humanities (BKCI-SSH) y Emerging Sources Citation Index (ESCI), para ambos casos se usan las siguientes ecuaciones de búsqueda:

TITLE-ABS-KEY(“Social cartography*” OR “cartografía social*”), en Scopus.

TS=(“Social cartography*” OR “cartografía social*”), en WoS.

Ambas ecuaciones se traducen en la búsqueda textual del término “cartografía social” y “cartografía familiar” en inglés y español, sin adicionar otros criterios de exclusión.

Para obtener una búsqueda más exacta con relación a los documentos, se utilizaron operadores booleanos, específicamente comillas y asterisco, “usados por la mayoría de los sistemas de recuperación de la información para establecer relaciones entre los términos de la búsqueda” (Garrido Mora, 2005, p. 2).

En el análisis de los datos, se extrajo la información bibliométrica, exportando las bases en formato BibTeX y CSV, para su uso en RStudio, propiciando la realización del examen bibliométrico, mediante el uso del paquete Bibliometrix con la interfaz gráfica de Biblioshiny (Aria y Cuccurullo, 2017; Donthu et al., 2021).

Dichos análisis se efectuaron de manera diferenciada por base de datos: WoS y Scopus, y en una base que fusiona ambas exploraciones; para la fusión de datos de WoS y Scopus, los archivos se trabajaron en formato TXT y BibTeX respectivamente, cargándolos de forma independiente en R, convirtiendo ambas bases en un archivo data frame, y utilizando comandos específicos para remover los resultados duplicados, obteniendo una única base en formato RData, formato que posibilita su uso en Biblioshiny (Campina-López et al., 2024; Diaz-Restrepo et al., 2023; Rojas y Muñoz, 2024). El diagrama de flujo de la recolección de datos y la fusión de estos se representa en la figura 1.

Figura 1

Proceso de recolección de datos

Proceso de recolección de datos

Nota. Elaboración propia.

El método de análisis contempló un enfoque descriptivo en ambas exploraciones bibliométricas, incluyendo una revisión de los resultados generales, junto con un análisis a la producción científica anual identificando tendencias y patrones de crecimiento en la investigación. De igual manera, se examina la productividad científica, determinando las autorías con una mayor cantidad de artículos publicados. Utilizando la misma unidad de análisis, se identifican los países de mayor producción científica, lo cual permite visualizar la distribución geográfica en el uso del concepto a nivel mundial. Además, se analizan las revistas más relevantes, por frecuencia total de publicaciones.

Finalmente, se emplea el análisis de tres campos, que permite una representación visual de relaciones de la producción (Morales-Castañeda, 2023). En tal representación visual la altura de los rectángulos ilustra las relaciones entre elementos de una fila u otra; mientras mayor sea la relación entre los elementos, mayor será la altura del rectángulo (Phoong et al., 2022).

La investigación emplea específicamente un análisis centrado en: palabras clave [DE], revistas [SO] y palabras clave plus [ID]. Regularmente se sostiene que las palabras clave de autor/a, reflejan de manera más inequívoca cómo estos visualizan su propio campo, al tiempo que devela sus intenciones o énfasis (Zurita-Castillo et al., 2024). Las palabras clave plus o Keywords Plus son “palabras y frases recopiladas a partir de los títulos de los artículos citados” (The Thomson Corporation, 2006, p. 2).

Resultados

Información general

La tabla 1 detalla los resultados obtenidos en ambas exploraciones, para el caso de WoS el período de tiempo abarcado va desde 2009 a 2025, mientras que en Scopus, va desde 1994 hasta 2025. Respecto a la cantidad de documentos se registra un total de 131 y 172 documentos respectivamente. En términos de crecimiento anual, la tasa de WoS es del 22,11%, mientras que en Scopus es del 11,02%. Al observar la media de documentos por año, Scopus presenta un promedio ligeramente mayor, con 4,77 documentos por año frente a los 3,65 de WoS. El estudio computa 162 Palabras Clave Plus en WoS y 471 en Scopus e identifica 479 palabras clave de autor/a en WoS y 613 en Scopus.

Tabla 1

Información general WoS y Scopus

Descripción

Resultados WoS

Resultados Scopus

Intervalo de tiempo

2009:2024

1994:2025

Fuentes (revistas, libros, etc.)

110

147

Documentos

131

172

Tasa de crecimiento anual

22,11

11,02

Media de documentos por año

3,65

4,77

Promedio de citas por documento

5,336

7,698

Autorías

352

459

Referencias

5298

7209

CONTENIDO DEL DOCUMENTO

Palabras clave Plus (ID)

162

471

Palabras clave del autor (DE)

479

613

Nota. Elaboración propia.

Producción científica anual

Los picos de producción en WoS reflejan un crecimiento constante y marcado con un impulso a partir de 2018, lo que evidencia un aumento en la cantidad de publicaciones científicas registradas. Los picos de producción científica comienzan a ser notables a partir del año 2019, cuando se publicaron 17 artículos, lo que representó un incremento considerable comparado con los años anteriores, que solo habían registrado entre 1 a 9 artículos. Este aumento marca un cambio en la tendencia, que se mantiene hasta la actualidad.

Figura 2

Producción científica anual en WoS

Nota. Elaboración propia.

Por otra parte, en Scopus, la producción científica en los primeros años fue más intermitente, con picos de actividad más moderados y sin un patrón de crecimiento sostenido hasta la aparición del primer pico relevante, que se registra en 2013, con la publicación de 7 artículos. Con posterioridad la producción científica muestra un incremento sostenido, pero con irregularidades, registrándose un segundo pico significativo en el año 2017 con 10 trabajos.

Figura 3

Producción científica anual en Scopus

Producción científica anual en Scopus

Nota. Elaboración propia.

Autorías con mayor número de publicaciones en WoS y Scopus

El autor que registra una mayor cantidad de publicaciones es Sharon Stein, con 4 registros en WoS y 7 en Scopus, publicando los trabajos: Internacionalización para un futuro incierto: tensiones, paradojas y posibilidades; Estudios críticos de internacionalización en un callejón sin salida: dejando espacio a la complejidad, la incertidumbre y la complicidad en una época de desafíos globales; Universidades frente al cambio climático: más allá del desarrollo sostenible y soluciones; Poder/conocimiento: educación global e indígena y Estudiantes del Sur en la Casa de la Academia del Oeste/Norte (Andreotti et al., 2016; Pashby et al., 2020; Stein, 2017, 2021, 2024; Stein et al., 2022; Stein y Chiappa, 2024).

En segunda posición, con 4 publicaciones en Scopus y 2 de ellas en WoS, aparece Karen Pashby, publicando los trabajos: Las cartografías sociales como dispositivos performativos en la investigación en educación superior; Internacionalización ética en la educación superior: interfaces con el desarrollo internacional y la sostenibilidad; Implicaciones para la equidad y la diversidad del aumento del número de estudiantes internacionales en las universidades europeas: políticas y prácticas en cuatro contextos nacionales; y Una meta-revisión de las tipologías de la educación para la ciudadanía mundial (Andreotti et al., 2016; Haapakoski y Pashby, 2017; Pashby et al., 2020; Pashby y de Oliveira Andreotti, 2016).

En tercera posición aparece Daniel Casebeer, registrando 3 trabajos, vinculados solo a Scopus, siendo los trabajos: Mapeo de disposiciones para la justicia social: hacia una cartografía de la reflexión; Mapeo del compromiso cívico: Un estudio de caso de aprendizaje-servicio en los Apalaches, y Mapeo de teorías del aprendizaje transformador (Casebeer, 2016; Casebeer y Mann, 2017; Mann y Casebeer, 2016).

Tabla 2

Autorías con mayor número de publicaciones en WoS y Scopus

Autores

Artículos en WoS

Artículos en Scopus

Stein, Sharon

4

7

Pashby, Karen

2

4

Casebeer, Daniel

-

3

Andreotti, Vanessa

2

2

Carrasco, Juan

2

2

Link, Felipe

2

2

Vanhulst, Julien

2

2

Melchioretto, Albio Fabian

2

-

Nota. Elaboración propia.

Producción científica por país

El análisis de la producción científica por país es esencial para comprender la distribución geográfica y las dinámicas investigativas en torno a las cartografías sociales aplicadas a contextos familiares.

En WoS, Brasil lidera la producción científica en torno a la cartografía social con 126 autorías asociadas, seguido por Colombia con 78 y Estados Unidos con 34 resultados.

Chile y Argentina presentan cifras más bajas, con 23 y 20 autorías asociadas respectivamente. Otros países como España, Canadá, Reino Unido, México y Ecuador también contribuyen, aunque en menor medida.

Figura 4

Producción científica por país en WoS

Producción científica por país en WoS

Nota. Elaboración propia.

Por otra parte, en Scopus se aprecia una producción científica distinta; Colombia ocupa el primer lugar con 133 autorías, seguido de Brasil con 116 resultados. Estados Unidos mantiene una presencia significativa con 47 autorías, y Chile también destaca con 31 apariciones. Al igual que en WoS, España se sitúa en el quinto lugar con 19 autorías. Siguiendo con la lista, países como Reino Unido, Canadá, México y Costa Rica contribuyen con 9 publicaciones.

Figura 5

Producción científica por país en Scopus

Producción científica por país en Scopus

Nota. Elaboración propia.

El análisis de la producción científica por país revela una distribución geográfica concentrada en Latinoamérica, con Brasil y Colombia como líderes indiscutibles. La presencia de países de otros continentes indica que las cartografías sociales son utilizadas en diversos contextos geográficos, sugiriendo un interés global en la temática.

Fuentes más relevantes

El análisis de las revistas más relevantes vinculadas a las cartografías sociales proporciona una visión de las principales fuentes de difusión científica y permite identificar las publicaciones que concentran mayor número de investigaciones en este ámbito. El análisis de las revistas con mayor cantidad de publicaciones se realiza por frecuencia total de trabajos, con independencia a la base de datos a la que corresponda. El análisis identifica en primer lugar a 4 revistas, con 4 publicaciones cada una, siendo las revistas Ciência & Saúde Coletiva, Kepes, Journal of Latin American Geography, y Radical Cartographies: Participatory Mapmaking from Latin America.

Destaca la revista Ciência & Saúde Coletiva publicada por la Asociación Brasileña de Salud Colectiva (ABRASCO), centrada en temas de salud pública y salud colectiva, con un enfoque en la promoción de la salud en países de habla portuguesa y española, que identifica 4 resultados indexados en WoS y Scopus. También con 4 resultados, aparece la revista Kepes, dependiente del departamento de diseño visual de la Universidad de Caldas, Colombia. Esta revista declara estar enfocada en divulgar conocimiento en torno a la disciplina del diseño y áreas afines. El Journal of Latin American Geography, registra 4 apariciones solo en base de datos de WoS, adscrita a la Universidad John Hopkins y distribuida de forma impresa por University of Texas Press, abocada a divulgar trabajos sobre geografía e interdisciplinarios, sobre América Latina y el Caribe.

También con 4 resultados solo en WoS, se encuentra la publicación Radical Cartographies: Participatory Mapmaking from Latin America. Libro publicado por University of Texas Press. Destaca también en el análisis, la revista European Educational Research Journal, que registra 3 apariciones en cada base de datos. La revista declara estar enfocada en el campo de la educación, divulgando investigaciones educativas en un contexto europeo y global. Está afiliada a la Asociación Europea de Investigación Educativa (EERA), que promueve la colaboración entre investigadores y educadores a través de conferencias y redes de investigación.

Tabla 3

Fuentes de mayor relevancia

Fuentes

Resultados WoS

Resultados Scopus

Ciência & Saúde Coletiva

4

4

Kepes

-

4

Journal of Latin American Geography

4

-

Radical Cartographies: Participatory Mapmaking from Latin America

4

-

European Educational Research Journal

3

3

Mapping Society: The Spatial Dimensions of Social Cartography

3

-

ACM International Conference Proceeding Series

-

3

Revista Lasallista de Investigación

-

3

Sustainability (Switzerland)

-

3

Nota. Elaboración propia.

Árbol de tres campos

El árbol de tres campos, ilustrado en la figura, conecta palabras clave, revistas y términos de autor (ID, SO, DE), proporcionando una representación visual integral que destaca las relaciones entre estos elementos clave. Este tipo de visualización es fundamental para identificar los temas de mayor relevancia en el objeto de estudio, pues permite observar cómo se agrupan y relacionan las palabras clave en torno a revistas y autores específicos.

Como describe Morales-Castañeda (2023) esta estructura “muestra la información importante que puede revelar los principales temas de investigación de objeto de estudio” (p. 13). Además, el estudio de Rodríguez-Soler et al. (2020) subraya la utilidad de esta herramienta en Biblioshiny para explorar de forma visual la relevancia temática en estos tres campos, facilitando la comprensión de la estructura y dinámica de la producción científica en un área determinada.

Figura 6

Árbol de tres campos por palabras clave, revistas y palabras clave de autor (ID, SO, DE)

Árbol de tres campos por palabras clave, revistas y palabras clave de autor (ID, SO, DE)

Nota. Elaboración propia.

El árbol de tres campos permite observar cómo las cartografías sociales, como enfoque y método, se posicionan en la literatura científica. La columna de palabras clave plus (ID) identifica a los términos vinculados con el estudio: mapas, niños/as, cartografía, mapeo, conocimiento, ciudad, humanos, adulto, violencia, femenino, masculino, adolescente. La columna central, correspondiente a revistas (SO), identifica a cuatro rectángulos de mayor altura, posicionando a las revistas Arqueología Iberoamericana, Ciencia y Salud Colectiva, Revista Colombiana de Sociología y Revista Territorios. Finalmente, la columna de palabras clave de autor (DE) identifica a los términos: cartografía social, territorio, cartografía, globalización, salud pública, género, educación, internacionalización y paisaje. El análisis de esta dimensión actúa como puente entre las palabras clave de autor/a y plus.

Siguiendo con el análisis de palabras clave de autor/a y plus, este arroja luces sobre los términos predominantes en las publicaciones y temas o áreas particulares de estudio, sugiriendo la aplicabilidad de las cartografías en contextos territoriales, educativos, de género y de salud. El análisis abre posibilidades y alumbra el potencial de las cartografías sociales para innovar procesos de intervención en el ámbito familiar y territorial en trabajo social, integrando metodologías visuales y participativas para mapear dinámicas y relaciones sociales.

Discusión

La revisión bibliográfica da cuenta de que las cartografías contribuyen a generar conocimiento sobre lo social, pero, desde una perspectiva contrahegemónica, que se caracteriza por el cultivo de una multivocidad de enunciaciones y un potencial emancipador (Narayan, 2000). Ofrece respuestas a los actuales retos epistemológicos, teórico, metodológicos y políticos en ciencias sociales, como son por ejemplo la toma de palabra y la desapropiación del poder. Es así como Barragán et al. (2020), incorporan los mapas vivos, las cartografías del lugar de enunciación o las cartografías sociales pedagógicas en la producción y apropiación del conocimiento ciudadano (Barragán, 2016).

Su riqueza radica en la representación plural de realidades sociales complejas, para una comprensión profunda sobre la relación ciudadanías y espacios, identidades y cuerpos, poder y contextos, mediadas por el diálogo y la reflexión crítica, para entender y transformar proyectos y formas de vida colectiva (Barragán y Amador, 2014). Trabajo Social ha de actuar como mediador crítico de tal complejidad, por lo que Bacchi (2021), Bermúdez et al. (2023), Teater y Hannan (2021) enfatizan en la relevancia de poner en constante cuestionamiento cómo esto se representa teóricamente, pero, sobre todo la forma de problematizarlo políticamente desde la intervención.

En esta perspectiva, la cartografía social se asume como un proceso que integra representaciones colectivas y la creación de nuevos sentidos de realidad (Diez-Tetamanti y Chanampa, 2016), al contribuir a un saber compartido, aprendizajes colaborativos y descubrimientos horizontales. Cada proceso tiene múltiples significados que emanan desde las experiencias de los/as participantes, enriqueciendo el conocimiento colectivo y promoviendo el empoderamiento de las ciudadanías, en la construcción de un espacio común donde se discuten y problematizan realidades sociales (Diez-Tetamanti y Corvalán, 2017).

Bajo esta perspectiva, las narrativas familiares ayudan a explorar desafíos que enfrentan las ciudadanías, llegando a acuerdos o disensos que potencien un sentido social vinculante entre opciones y conflictos (Folger et al., 2017). Eso supone pensar las familias como configuraciones, ofreciendo una visión relacional, formada por redes de interdependencias que incluyen a parientes, amigos, otros individuos cercanos, pero además apoyos situacionales e institucionales, que varían según la distribución del poder, las contradicciones sociales y el apoyo presente (Widmer, 2004).

En este marco, la cartografía familiar como método de intervención en el Trabajo Social, se ha instaurado como un camino innovador que, transcendiendo la idea tradicional de representación gráfica, valida un enfoque participativo para mapear tensiones y patrones entre dinámicas sociales, entornos y vida cotidiana. Ofrece una renovación en la concepción sobre la producción del conocimiento y el desarrollo del saber familiar que, a su vez, contribuye a capitalizar el aprendizaje y poder de las ciudadanías. Basados en Rancière (2004), consideramos que refleja el acto y capacidad política para articular experiencias y demandas que interpelen las esferas públicas.

Nos aportan un enfoque de conocimiento situado (Haraway, 2019, 2022) y la gestión de saberes locales (Luque et al., 2025), visualizando el lugar de quienes los producen y favoreciendo el desafío a narrativas dominantes, reivindicando el derecho de las familias y sus miembros a tener derechos como ciudadanías. Por eso, en Trabajo Social se instala como método de intervención con enfoque participativo en la comprensión crítica de complejidades humanas y sociales (Diez-Tetamanti y Corvalán, 2017).

En consecuencia, las cartografías posibilitan que las familias no solo comprendan su realidad, sino que también cuestionen y actúen sobre ella, agenciando sus modus vivendi a partir de principios de equidad, respeto y libertad que contribuyan al reconocimiento y reivindicación de sus derechos (Emirbayer y Mische, 1998). No se trata solo de inclusión, sino también de empoderamiento y legitimación en las maneras de vivir la vida, tras el rastreo, identificación y articulación de recursos, desafíos, aspiraciones y objetivos.

Foucault (2012) sostiene que el saber no solo es un medio de poder, sino también de lucha. Por consiguiente, la cartografía no solo llama a la documentalidad, también aporta a que las familias puedan desafiar narrativas dominantes que suelen negar sus experiencias y multiplicidad de identidades, que para la intervención de Trabajo Social son fundamentales.

Recordando a Cornwall (2008), podemos decir que aquello implica que las ciudadanías logren influir en decisiones que afectan su propia vida, con un sentido de apropiación que fortalece los procesos de intervención social, catalizando movimientos y trayectorias hacia cambios significativos en sus contextos y relaciones. Como vehículo para la movilización social trasciende perspectivas reduccionistas y marginadoras, convirtiéndose en un ejercicio de resistencia y reivindicación de justicia ciudadana, que no solo implica reconocimiento de diferencias, sino también la redistribución del poder y los recursos, así como una valida representación de gobernanzas (Fraser, 1997).

Esto es sustantivo si tenemos en cuenta que las realidades familiares, junto con ser multifacéticas, objetivan desigualdades que exigen comprensión social profunda. Incluso, como argumenta Mignolo (2011), desde ópticas que no nieguen resistencias culturales y políticas, logrando inclusive poner en discusión la idea de territorios familiares de transformación, es decir, espacios donde ellas se identifican, configuran y movilizan, incidiendo en sus mundos de vida, como, al mismo tiempo, en marcos normativos, políticas públicas e instituciones, a partir de prácticas, recursos y activos ciudadanos de sus miembros.

En definitiva, la cartografía en la intervención del Trabajo Social familiar facilita pasar de mapas a trayectorias y de estas a movimientos ciudadanos, tras la identificación de territorios de comprensión y, además, de transformación a los desafíos del siglo XXI. En esta línea, las cartografías sociales digitales amplían las posibilidades de representación, participación y producción colaborativa de conocimiento, al incorporar mediaciones tecnológicas en la elaboración de mapas y relatos territoriales (Amador Baquiro, 2021).

Conclusiones

Las cartografías sobre lo social permiten avanzar hacia nuevos desarrollos conceptuales y operativos que impulsan diálogos sobre la realidad, comprendiendo cómo ella se produce y se configura entre relaciones y posiciones (Diez-Tetamanti y Chanampa, 2016). Desde una perspectiva contrahegemónica, contribuyen a la generación de conocimiento situado, fomentando una diversidad de enunciaciones colectivas y un potencial emancipador, cuya riqueza radica en la representación plural de la relación entre ciudadanía, espacios, identidades y poder.

En Trabajo Social, nos ayuda a innovar en el abordaje a las complejidades de las nuevas configuraciones familiares y sus modus vivendi, desde una perspectiva colectiva, deconstruyendo las nociones tradicionales y poniendo en primer plano la idea de comprensión social crítica. La disciplina actuaría como mediador crítico ante la complejidad social contemporánea, problematizándola teórica y políticamente desde la intervención, tras la construcción de espacios compartidos para discutir realidades comunes.

En este marco, las familias como configuraciones relacionales aportan al desarrollo del saber, para alcanzar la reivindicación de derechos, desafiando narrativas dominantes, impulsando principios de equidad y libertad, estimulando ciudadanías capaces de influir en decisiones que afectan sus vidas, y catalizando cambios significativos en sus entornos, dinámicas y situaciones sociales.

En consecuencia, nos parece que la cartografía familiar es un método innovador para la intervención de Trabajo Social, por su enfoque reflexivo, crítico y participativo, en el abordaje de la complejidad social en contextos específicos. Al involucrar conscientemente a las familias en el proceso de mapeo de sus realidades, las cartografías fomentan un sentido de propiedad del saber y su capacidad de incidencia ciudadana hacia la transformación social.

En Trabajo Social la innovación adquiere carácter disruptivo, incremental y transformador (Tushman y Anderson, 1986), por cuanto “todas las innovaciones implican cambio, pero no todo cambio implica innovaciones” (Zaltman et al., 1973, p. 158). Entonces, las cartografías familiares promueven renovación en el potencial de cooperación, confianza y reciprocidad, trascendiendo el rol aislado de cada agente (Martínez Celorrio, 2017). Este enfoque no solo modifica la concepción de intervención, sino que también contribuye al desarrollo de un conocimiento situado, dinámico y contextualizado, enriqueciendo la práctica profesional.

En síntesis, la investigación y sus resultados nos dejan ver que entre 2009 y 2025, la producción científica sobre cartografías en Trabajo Social muestra un incremento notable, sobre todo a partir del año 2018 en WoS, mientras que en Scopus desde el 2013. Esto manifiesta una expansión en la conceptualización y problematización de este método en la intervención, siendo Brasil y Colombia los países líderes en publicaciones sobre la categoría de análisis, indicando un interés sobre los contemporáneos fenómenos y complejidades que afectan a territorios y ciudadanías en Latinoamérica.

Finalmente, es posible establecer que las cartografías emergen como un método valioso en la investigación, con potencial para innovar procesos de intervención en contextos familiares y territoriales, resaltando la importancia de las dinámicas sociales en la producción de conocimiento. En rigor, contribuyen a comprender cómo se estructuran y sostienen las configuraciones sociales y familiares, revelando patrones de influencia, dependencia y conflicto. Permiten revisar la manera en que las ciudadanías ocupan posiciones dentro de una red de relaciones y referencia a un contexto (próximo o lejano), pero, además, cómo estas posiciones pueden variar a nivel de estructuras, dinámicas de poder y prácticas cotidianas.

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Notas

1 Los denominados regímenes de veridicción representan aquel corpus de normas y dispositivos que determinan cuáles discursos son o no considerados verdaderos en una sociedad, cultura y tiempo histórico específico, afectando la subjetividad.