Conciencia distante y ecoansiedad: Redefiniendo la desconexión narrativa y el rol de las redes sociales frente al cambio climático en Latinoamérica
Distant awareness and eco-anxiety: Redefining narrative disconnection and the role of social networks in the context of climate change in Latin America
Recepción: 3 de abril de 2025 / aceptación: 11 de junio de 2025
DOI: https://doi.org/10.54255/lim.vol14.num29.8
Licencia CC BY 4.0.
Francisco Cáceres1
Tamara Hoffmann2
Resumen
El cambio climático no sólo se presenta como una amenaza ambiental, sino que también constituye una crisis narrativa que profundiza las desigualdades geopolíticas. A través de una revisión crítica y reflexiva de literatura interdisciplinaria, complementada con ejemplos situados en América Latina, este artículo introduce el concepto original de conciencia distante en el contexto de la crisis climática. Este se define como la percepción de los problemas ambientales globales como abstractos y desconectados de las realidades locales, lo que refuerza la marginación de las comunidades más vulnerables del Sur Global. Basándose en la teoría de la distancia psicológica y en estudios decoloniales sobre el colonialismo climático, se argumenta que las redes sociales funcionan como espacios en disputa entre narrativas hegemónicas del Norte Global y formas de resistencia local.
El objetivo del artículo es proponer nuevas narrativas situadas y políticas de comunicación inclusivas que reduzcan la brecha entre discursos globales y experiencias territoriales, fomentando así la resiliencia, la justicia climática y el reconocimiento de saberes locales. Asimismo, se examinan las implicancias emocionales de esta desconexión narrativa, particularmente en relación con la ecoansiedad, entendida como la angustia emocional vinculada a la percepción del deterioro ecológico y la impotencia frente a la inacción climática.
Palabras clave: conciencia distante; ecoansiedad; cambio climático; redes sociales
Abstract
Climate change is not only an environmental threat but also a narrative crisis that deepens geopolitical inequalities. Through a critical and reflective review of interdisciplinary literature, complemented by situated examples from Latin America, this article introduces the original concept of distant awareness in the context of the climate crisis. This concept refers to the perception of global environmental problems as abstract and disconnected from local realities, reinforcing the marginalization of the most vulnerable communities in the Global South. Drawing on psychological distance theory and decolonial approaches to climate colonialism, the article argues that social media platforms operate as contested spaces between hegemonic narratives from the Global North and local forms of resistance.
The aim of this article is to propose situated narratives and inclusive communication policies that help bridge the gap between global discourses and territorial experiences, thus fostering resilience, climate justice, and the recognition of local knowledge. It also examines the emotional implications of this narrative disconnection, particularly in relation to eco-anxiety, understood as emotional distress linked to the perception of ecological degradation and the sense of powerlessness in the face of climate inaction.
Keywords: distant awareness; eco-anxiety; climate change; social media
Introducción
El cambio climático es una crisis multidimensional que trasciende lo ambiental para afectar la salud mental (Berry et al., 2010), transforma las estructuras sociales existentes y redefine las narrativas culturales que utilizamos para comprender nuestro mundo. Esta crisis se vuelve paradójica, puesto que mientras en el Norte Global los discursos académicos y mediáticos giran sobre escenarios futuros cada vez más apocalípticos, millones de personas en el Sur Global ya están sufriendo las consecuencias más trágicas del cambio climático. Para estas comunidades, la sequía persistente, el desplazamiento forzado y la rápida extinción de la biodiversidad no son proyecciones científicas, sino experiencias diarias (Hartinger et al., 2024).
Esta brecha entre la retórica y la realidad vivida nos permite introducir el concepto de conciencia distante como una herramienta analítica para comprender cómo las narrativas climáticas dominantes, redactadas principalmente desde perspectivas del Norte Global, sistemáticamente excluyen las experiencias de las comunidades más vulnerables. Al hacerlo, no solo continúan las desigualdades del pasado, sino que además fomentan la inacción colectiva en la crisis. Además, argumentamos que esta conciencia distante puede generar formas disfuncionales de ecoansiedad, concepto oficialmente reconocido por la Asociación Psicológica Americana en 2021 y definido como la angustia emocional que se intensifica al observar la degradación de los ecosistemas y al anticipar los peores escenarios del cambio climático (Christodoulou et al., 2024).
Investigaciones recientes sostienen que la adopción acrítica de narrativas globales puede acentuar la desconexión emocional de las personas con sus entornos, facilitando la aparición de la ecoansiedad (Baudon y Jachens, 2021; Coffey et al., 2021). Esta suele asociarse con imágenes icónicas como glaciares derritiéndose o bosques en llamas, mientras se omiten contextos específicos como la desertificación en regiones andinas o la pérdida de territorios ancestrales en comunidades indígenas (Middleton et al., 2020). Este fenómeno evidencia una jerarquía narrativa en la cual el sufrimiento del Sur Global es trivializado como un “daño colateral” del progreso.
En respuesta a esta problemática, este artículo propone y analiza el concepto de conciencia distante respecto a las narrativas y políticas situadas a través de ejemplos del Sur Global, a fin de comprender también los posibles factores estructurales y culturales que contribuyen a la ecoansiedad. Junto a eso, el artículo adopta la forma de una reflexión crítica, desde una revisión narrativa de literatura interdisciplinaria, complementada con experiencias situadas en América Latina. A través de esta articulación, se propone una mirada que conecta lo narrativo, lo afectivo y lo político, con el objetivo de aportar una lectura situada sobre cómo se comunica, se siente y se resiste la crisis climática desde el Sur Global.
Conciencia Distante: Una crítica decolonial a la distancia psicológica
El concepto de conciencia distante como propuesta epistemológica surge como una herramienta crítica para analizar cómo las narrativas climáticas hegemónicas, arraigadas en perspectivas del Norte Global, marginan las experiencias de comunidades vulnerables en el Sur Global. Este término amplía y profundiza la teoría de la distancia psicológica (Trope y Liberman, 2010), que originalmente explica cómo las personas perciben los eventos como más o menos cercanos en función de cuatro dimensiones: temporal, espacial, social e hipotética. Mientras que la distancia psicológica se enfoca en la percepción individual de la lejanía de un problema, la conciencia distante incorpora una dimensión geopolítica y decolonial, revelando cómo las narrativas globales sobre el cambio climático están impregnadas de asimetrías de poder que invisibilizan las realidades locales del Sur Global. Puesto que, tal como señalan Postigo y Young (2016), poco se ha indagado en los saberes locales de indígenas y campesinos respecto a los escenarios propios de las problemáticas climáticas. Si bien la comunidad ha estado presente en algunos de esos procesos con sus líderes y representantes, es evidente que a pesar de aquello hay formas sutiles de imposición de un saber dominante.
La conciencia distante se manifiesta cuando las narrativas climáticas dominantes, producidas principalmente en el Norte Global, presentan el cambio climático como un problema abstracto y lejano, desconectado de las experiencias cotidianas de las comunidades más afectadas. Por ejemplo, mientras el Norte Global debate el cambio climático como un desastre futuro, el Sur Global ya sufre sus efectos: sequías, inundaciones, desplazamientos y pérdida de biodiversidad. Estas realidades, sin embargo, rara vez son representadas en los discursos mediáticos globales, lo que refuerza una jerarquía narrativa donde el sufrimiento del Sur Global es trivializado o ignorado (Maran y Begotti, 2021).
Este fenómeno trasciende lo meramente cognitivo o informativo para constituirse en un mecanismo de poder que perpetúa lo que diversos autores han denominado colonialismo climático. Este concepto, desarrollado en la literatura reciente, se refiere a la continuidad de estructuras coloniales en la forma en que se produce y distribuye el conocimiento sobre el cambio climático (Sultana, 2022; Bhambra y Newell, 2023; Ince, 2024; Sultana, 2023). Sultana (2023) argumenta que el colonialismo no es solo un legado histórico, sino una estructura viva que sigue operando en la actualidad, especialmente en la forma en que las narrativas climáticas globales son construidas y difundidas. Estas narrativas, al estar dominadas por voces del Norte Global, tienden a borrar las experiencias y saberes locales, reforzando una dinámica de exclusión y marginalización.
La conciencia distante también tiene implicaciones emocionales y psicológicas. Al presentar el cambio climático como un problema lejano y abstracto, las narrativas globales pueden generar una sensación de parálisis y desesperanza, especialmente entre los jóvenes (Gislason et al., 2021). Esto se debe a que, al no ver reflejadas sus propias realidades en los discursos globales, las personas pueden sentirse desconectadas de las soluciones propuestas, lo que a su vez limita su capacidad para actuar de manera efectiva. En contraste, cuando las narrativas climáticas están situadas en contextos locales y reflejan las experiencias y prioridades de las comunidades, es más probable que las personas se sientan empoderadas para tomar acción (Wu et al., 2020).
En resumen, la conciencia distante es un concepto que revela cómo las narrativas climáticas hegemónicas, producidas en el Norte Global, perpetúan una dinámica de exclusión y marginalización al presentar el cambio climático como un problema abstracto y lejano. Este fenómeno no solo limita la comprensión de los problemas climáticos en el Sur Global, sino que también refuerza las estructuras de poder coloniales que invisibilizan las experiencias y saberes locales (Sultana, 2023). Para superar la conciencia distante, es necesario promover narrativas situadas que reflejen las realidades y prioridades de las comunidades más afectadas, fomentando así una comunicación climática más justa y efectiva.
Redes sociales: Entre la hegemonía y la resistencia
Las redes sociales se han consolidado como un terreno fundamental en la batalla por las narrativas sobre el cambio climático, tal como señalan Boulianne et al. (2020). No obstante, a menudo priorizan una visión descontextualizada de este fenómeno, presentándose como algo abstracto y distante de la realidad diaria de las comunidades más vulnerables del Sur Global. Los algoritmos de plataformas como YouTube o TikTok, por ejemplo, tienden a impulsar contenidos breves, virales y visualmente impactantes (Duan et al., 2024) –pensemos en osos polares en glaciares derritiéndose o inundaciones en ciudades europeas– que, si bien captan la atención, terminan por opacar las experiencias locales y perpetúan una perspectiva globalizada de la crisis ambiental. Esta dinámica fomenta lo que nombramos como “conciencia distante”, donde el cambio climático se percibe como un problema lejano, tanto en lo geográfico como en lo emocional.
La influencia del Norte Global es innegable en la difusión de estos contenidos, ante un escenario marcado por relaciones políticas asimétricas (Bustamante, 2015). Gran parte de los vídeos virales sobre el cambio climático, por ejemplo, provienen de creadores del Norte, muchas veces con el respaldo de ONGs internacionales. Estos mensajes, sin embargo, suelen adoptar perspectivas externas que, lamentablemente, ignoran las particularidades culturales y territoriales del Sur. Esto, a su vez, debilita la capacidad de las juventudes locales para articular demandas que realmente se ajusten a sus contextos. Al consolidar esta conciencia distante, las plataformas digitales restringen el potencial de las comunidades del Sur para construir sus propias narrativas y exigir soluciones que respondan a sus realidades.
Sin embargo, no todo es negativo. Las redes sociales también nos brindan herramientas poderosas para desafiar este paradigma. En Chile, por ejemplo, investigaciones recientes han revelado cómo el uso de estas plataformas por parte de los jóvenes se vincula con una mayor participación en protestas ambientales, sobre todo durante los ciclos de movilización entre 2009 y 2019 (Scherman et al., 2021). Si bien es cierto que este efecto ha disminuido con el tiempo, el estudio deja claro que las plataformas digitales tienen el potencial de transformarse en espacios donde las narrativas globales ceden el paso a voces arraigadas en realidades locales y comprometidas con ellas.
Si miramos a nivel regional, un análisis detallado del Latinobarómetro (Gómez-Casillas y Gómez Márquez, 2023), que abarca 18 países latinoamericanos (como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela), nos muestra que el uso de redes sociales se asocia positivamente con una mayor comprensión del cambio climático, sobre todo entre los jóvenes. También muestra que en Brasil y Colombia quienes usan YouTube con frecuencia presentan un conocimiento significativamente más alto sobre las causas y consecuencias de la crisis climática. Además, en México y Chile, el uso activo de Instagram y WhatsApp también se relacionó con una percepción más precisa del problema, especialmente en mujeres jóvenes y personas con estudios secundarios o técnicos. Estos hallazgos nos sugieren que, si se utilizan de forma crítica, las redes sociales pueden ser un puente para que los usuarios accedan a información relevante que va más allá de las narrativas globales.
En Perú, por ejemplo, investigaciones recientes demuestran que el uso de redes sociales entre estudiantes universitarios impulsa su participación en acciones colectivas contra el cambio climático (Ruiz-Dodobara et al., 2023), lo que es mediado por emociones como la ira y el miedo, y también por la identificación con activistas y la creencia en la eficacia del grupo. Es más, la percepción del riesgo climático ha llegado a generar apoyo incluso para acciones más confrontacionales, caracterizadas por una profunda indignación hacia aquellos actores considerados responsables del daño ambiental (Ruiz-Dodobara et al., 2024). Este proceso, tanto emocional como político, contribuye a transformar visiones abstractas en compromisos activos y localizados.
El desafío, sin embargo, persiste: las plataformas digitales están diseñadas para maximizar la interacción (engagement) (Duan et al., 2024), no necesariamente para impulsar la justicia climática. Las lógicas algorítmicas continúan dando prioridad a los contenidos globales por encima de las narrativas locales. Por eso, resulta fundamental impulsar iniciativas de comunicación climática autogestionadas por las propias comunidades locales, permitiéndoles compartir sus historias sin depender de intermediarios externos. En este sentido, democratizar los medios digitales se convierte en una tarea política indispensable (Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina [CIESPAL], 2013) para que el Sur pueda resistir al régimen climático global.
Ecoansiedad: Conceptos y limitaciones
En los últimos años, el concepto de ecoansiedad ha adquirido creciente relevancia tanto en el ámbito social como científico, especialmente dentro de las ciencias del clima y la psicología climática (Climate Psychology Alliance, 2022). Este fenómeno puede definirse como “un espectro de emociones, estados mentales y problemas diversos que abarca desde la adaptación hasta el deterioro de la salud mental al observar las crisis ecológicas actuales y prever el impacto futuro del cambio climático” (Hoffmann, 2025, p. 5). Diversos estudios han demostrado que la ecoansiedad afecta especialmente a las personas jóvenes, quienes experimentan sentimientos de desesperanza frente a la inacción política ante la crisis climática (Hickman et al., 2021).
No obstante, la adopción globalizada del término ha generado cuestionamientos respecto a su aplicabilidad en contextos del Sur Global, principalmente porque la mayoría de las investigaciones disponibles se han desarrollado en países del Norte, sin considerar las especificidades culturales, sociales y ecológicas de otras regiones. En el caso de América Latina, por ejemplo, se estima que existe una brecha de al menos cinco años en la producción de estudios sobre esta temática (Hoffmann, 2025).
Mientras en el Norte Global la ecoansiedad suele estar asociada al temor por el futuro y las generaciones venideras, en muchas comunidades del Sur Global las emociones climáticas se relacionan más estrechamente con la lucha diaria por la supervivencia frente a desastres ambientales cada vez más frecuentes (Reyes et al., 2021; Gislason et al., 2021). Desde una perspectiva crítica, la ecoansiedad no debe ser comprendida únicamente como un fenómeno psicológico individual, sino también como una manifestación política y cultural que refleja desigualdades estructurales en el acceso a recursos, en la exposición al riesgo y en la representación dentro de los discursos climáticos hegemónicos.
En Chile, encuestas recientes revelan que un 48 % de la población declara preocupación por la sequía y la escasez de agua potable; un 31 % por el cambio climático y la intensificación de fenómenos extremos; y un 28 % por la contaminación de ríos y mares (Corporación de Estudios de Mercado y Opinión Pública Cadem [Cadem], 2024). Estas cifras permiten contextualizar problemáticas ecológicas como la mega sequía en Petorca, donde el acceso al agua potable depende del suministro por camiones aljibe en un escenario de crisis hídrica estructural agravada por el cambio climático (Fragkou et al., 2022). A esto se suma el riesgo que enfrentan los defensores ambientales, quienes muchas veces ven amenazada su seguridad e integridad al denunciar prácticas extractivas y defender la biodiversidad local. Esta situación ha motivado la tramitación de un proyecto de ley en Chile para la protección de quienes ejercen el activismo ambiental (Maldonado, 2025).
La desconexión entre las narrativas del Norte Global y las realidades del Sur ha contribuido a invisibilizar las problemáticas ya existentes en los territorios. En este contexto, la ecoansiedad no se limita a una preocupación abstracta por el futuro, sino que refleja también el dolor, la angustia y la impotencia frente a situaciones ecológicas y sociales que ya están ocurriendo. Aún más grave, en muchos casos quienes expresan este malestar y se organizan desde el territorio ponen en riesgo su propia vida (World Rainforest Movement, 2016). Esta dimensión de amenaza concreta contribuye a intensificar los sentimientos de desesperanza y parálisis emocional que caracterizan a las formas más disfuncionales de la ecoansiedad (Albrecht, 2011; Hoffmann et al., 2022). Frente a este panorama, surge la necesidad de desarrollar aproximaciones alternativas que permitan abordar la crisis climática desde perspectivas propias del Sur Global.
Hacia una gramática climática propia en el Sur Global
Para superar la conciencia distante, necesitamos construir una ciencia climática que hable en lenguas propias, que acoja nuevas gramáticas nacidas de los territorios. Esto implica ir más allá de investigar solo los impactos del cambio climático en el Sur Global; también es necesario desarrollar conceptos, categorías y narrativas que resuenen con las experiencias, los saberes y las prioridades de quienes habitan y defienden esos territorios.
Ese conocimiento no puede ser abstracto ni desarraigado. Tiene que partir de enfoques situados, que reconozcan el valor de los saberes indígenas y las experiencias cotidianas de adaptación. En México, por ejemplo, algunas comunidades indígenas han creado prácticas agrícolas resilientes, combinando lo aprendido de sus ancestros con tecnologías actuales, adaptándose así a las nuevas condiciones del clima (Táíwò, 2022). En el archipiélago de Chiloé, al sur de Chile, comunidades de mujeres chilotas explican la sequía no solo por el calentamiento global, sino también por la tala de bosques nativos, las pisciculturas y la extracción de turba. Ellas tejen una mirada compleja, en la que el cambio climático no es una causa única, sino parte de una trama más amplia de transformaciones (Reyes-García et al., 2022).
Algo similar ocurre en la Amazonía boliviana, donde el pueblo Tsimane’ interpreta los desequilibrios del clima como consecuencia del trato irrespetuoso hacia la naturaleza. No se trata de un problema técnico, sino de una ruptura ética y espiritual en la relación con el entorno. En el río Solimões, en Brasil, las comunidades ribeirinhas hablan de sequías e inundaciones extremas que afectan directamente sus cuerpos, su alimentación, su salud, su día a día (Reyes-García et al., 2022). Para ellas, el cambio climático no es una amenaza futura, sino una realidad que ya están viviendo.
Estas experiencias generan un tipo de conocimiento que nos empuja a transformar la educación ambiental y ayudar a jóvenes a sentirse parte de algo mayor, a reconectar con sus territorios. En toda América Latina, movimientos juveniles han usado redes sociales para visibilizar sus luchas, compartir aprendizajes y tejer alianzas regionales. Desde abajo, desde lo local, están construyendo respuestas colectivas al colapso ecológico (Ruiz-Dodobara et al., 2023; Ruiz-Dodobara et al., 2024).
Es crucial que las plataformas digitales y los ámbitos educativos transformen su visión del Sur Global, dejando de considerarlo meramente un repositorio de datos o un escenario de victimización. En cambio, deben reconocerlo como una fuente dinámica de conocimiento, creatividad y soluciones innovadoras. Porque quienes están en primera línea del cambio climático no solamente resisten, también piensan. Y lo hacen en sus lenguas, desde sus cuerpos, con otras formas de imaginar el futuro.
A modo de conclusión
La conciencia distante, como propuesta crítica y situada, permite comprender cómo muchas de las narrativas globales sobre el cambio climático generan una desconexión afectiva y epistémica con las realidades del Sur Global. No se trata solo de una omisión accidental, sino de una forma estructural de invisibilización que debilita la posibilidad de respuesta colectiva, al silenciar los saberes y experiencias de quienes ya habitan las consecuencias del colapso.
Las experiencias recogidas en este texto muestran que contar la crisis desde los territorios no es simplemente una cuestión de representación. Es una forma de resistir, de reparar vínculos, de reactivar sentidos de pertenencia y posibilidad. Las narrativas situadas no ofrecen soluciones instantáneas, pero pueden aliviar la ecoansiedad, fortalecer la agencia y abrir caminos para imaginar lo común desde otros marcos.
Sin embargo, estas formas de narrar aún deben abrirse paso en un ecosistema mediático que sigue priorizando contenidos producidos desde el Norte, despolitizando la crisis y presentándola como espectáculo o catástrofe sin contexto.
Por eso, resulta urgente crear narrativas propias: espacios, lenguajes y formas de comunicación que partan de los cuerpos, los territorios y las memorias del Sur. No se trata únicamente de “dar voz”, sino de transformar las condiciones que determinan quién puede hablar, qué se escucha y desde dónde se produce conocimiento.
Superar la conciencia distante implica cambiar los relatos, pero también transformar los sistemas que los generan y validan. Ese es el reto epistémico, político y afectivo que este concepto plantea: imaginar una justicia climática enraizada en las historias que el Sur Global aún tiene por contar.
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1 Licenciado en Psicología de la Universidad Andrés Bello, Viña del Mar, Chile.
Licenciado en Filosofía de la Universidad del Salvador, Buenos Aires, Argentina.
Afiliación: Universidad Andrés Bello, Viña del Mar.
Descubridores 1131, Valparaíso. Código postal: 2372083
Correo electrónico: psfranciscocaceres@gmail.com. ORCID: https://orcid.org/0009-0005-1396-601X
2 Candidata a Doctora en Psicoterapia de la Universidad de Chile y Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. Máster en Counselling y Terapia Gestalt por la agencia universitaria doctrina qualitas (DQ), Licenciada en Psicología de la Universidad Austral de Chile, Valdivia, Chile.
Afiliación: Investigadora Doctoral en Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (MIDAP), Núcleo Milenio para Mejorar la Salud Mental de Adolescentes y Jóvenes (Imhay), Universidad de Chile–Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile
Autora para correspondencia: Los Lingues 517, Valdivia Chile, Código postal: 5110173.
Correo electrónico: tamara.hoffmann@ug.uchile.cl. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-1826-0877