Características de la comunicación en dinámicas familiares violentas

Characteristics of communication in violent family dynamics

 

Recepción: 16 de septiembre de 2024 / Aceptación: 14 de octubre de 2024

 

Adriana Guadalupe Reyes Luna1

Laura Evelia Torres Velázquez2

Nadia Navarro Ceja3

Adriana Garrido Garduño4

Margarita Nabor Govea5

 

DOI: https://doi.org/10.54255/lim.vol14.num27.2
Licencia CC BY 4.0.

 

Resumen

El estudio de la familia abarca elementos significativos que deben ser considerados. Algunos autores se han enfocado en los patrones de comunicación familiar como un componente crucial que refleja el funcionamiento familiar, al identificar la percepción individual de la comunicación entre sus miembros (Rivero y Martínez-Pampliega, 2010). El objetivo fue comparar los patrones de comunicación en dos muestras de estudiantes universitarios que indicaron vivir o no en una dinámica familiar violenta. Participaron 247 estudiantes que experimentaron violencia y 247 que no, respondiendo al instrumento de patrones de comunicación. Los resultados muestran una comunicación significativamente mayor en entornos sin violencia. En la dimensión orientada a la conversación, se observa una media más baja en las familias con violencia en comparación con las familias sin violencia, evidenciando que no solo es importante la comunicación en la familia, sino también el tipo de comunicación expresada, en este caso, habilidades comunicativas positivas. En cuanto a la dimensión orientada a la conformidad, se encontró que las familias con violencia presentan una media superior respecto a las familias sin violencia, indicando que, aunque existe comunicación en las familias con violencia, esta es impuesta y refleja obediencia en un ambiente jerárquico. En conclusión, la dinámica familiar es fundamental en el desarrollo de sus integrantes, y cada uno de sus componentes es esencial para su desarrollo psicológico y social. Por lo tanto, es necesario continuar investigando los elementos que pueden fortalecerla e intervenir para lograr ciudadanos comprometidos con el mundo que les tocará vivir.

Palabras clave: dinámica familiar; violencia; patrones de comunicación; universitarios

 

Abstract

The study of the family encompasses significant elements to be addressed. Some authors have focused on family communication patterns as a key component that reflects family functioning by identifying individual perceptions of communication among its members (Rivero & Martínez-Pampliega, 2010). The objective was to compare communication patterns in two samples of university students who reported living or not living within a violent family dynamic. A total of 247 students with violence and 247 without participated, responding to the communication patterns instrument. The results show significantly greater communication in non-violent environments. In the conversation-oriented dimension, a lower mean is observed in families with violence compared to non-violent families, indicating that not only is communication within the family important, but also the type of communication expressed, in this case, positive communication skills. Regarding the conformity-oriented dimension, it was found that families with violence have a higher mean compared to non-violent families, suggesting that, although there is communication in violent families, it is imposed and reflects obedience within a hierarchical environment. In conclusion, family dynamics are crucial in the development of its members, and each component is fundamental to their psychological and social development. Therefore, it is necessary to continue researching elements that can strengthen it and intervene to achieve citizens committed to the world they will inhabit.

Keywords: family dynamics; violence; communication patterns; university students

 

Introducción

La familia se concibe de diversas maneras. Por un lado, se percibe como un núcleo, una célula, una unidad básica o la base de la sociedad, donde se gestan la reproducción y el desarrollo biológico, se heredan patrimonios, se transmiten valores, normas, hábitos y costumbres, se forma la personalidad y el carácter de sus integrantes. Además, es el espacio que permite el contacto inmediato con la sociedad y donde se generan las enseñanzas y aprendizajes iniciales de los seres humanos. Por otro lado, se identifica como una institución que, mediante reglas y normas, establece ciertos roles a través de los cuales las personas se relacionan de diferentes formas. Es un espacio de socialización que facilita la transmisión de valores, regula y proporciona seguridad, alimentación, vivienda, protección y educación, lo que permite a sus miembros vivir en sociedad; es decir, se forman los nuevos ciudadanos (Vásquez y Ferragut, 2024; Reyes y Oyola, 2022; Romanos, 2022).

Su definición ha sido objeto de estudio de diversas disciplinas y ciencias que consideran una gran diversidad de factores y funciones que se desarrollan y esperan articularse con todos y cada uno de sus integrantes, enfatizando que una familia debe ser vista de manera holística, es decir, más que la suma de sus integrantes. Así, por ejemplo, Santacruz (1983) define la familia como:

“Un grupo social primario formado por individuos unidos por lazos sanguíneos, de afinidad o de matrimonio, que interactúan y conviven en forma más o menos permanente y que en general comparten factores biológicos, psicológicos y sociales que pueden afectar su salud individual y familiar.” (p. 4)

El estudio de la familia abarca diversos e importantes elementos, tales como: el ciclo de vida familiar, su estructura y dinámica, tipología, comunicación, funciones, legalidad y salud familiar, por mencionar algunos (Cora, 2005; Huerta, 2005, p. 46).

La interacción entre los integrantes de la familia, su organización, cohesión y dinámica se logra a través de la comunicación, entendida en términos generales como la acción indispensable para la relación y desarrollo de la vida en sociedad. Esta se realiza de manera verbal o escrita, está compuesta de símbolos que se transmiten o comparten por palabras, gestos o acciones, donde el intercambio entre las personas incluye dar y recibir mensajes basados en significados conocidos y compartidos.

En referencia a la comunicación familiar, Rosales (2018) la define como las habilidades comunicativas positivas que facilitan el funcionamiento familiar, buscando establecer la cohesión y adaptabilidad de sus integrantes. No obstante, es innegable que no es posible no comunicarse; por ello, aun cuando los contenidos de los mensajes no sean positivos o claros, también constituyen comunicación, al igual que los silencios y las pausas al hablar, o el hecho de retirarse de una reunión o conversación o no presentarse. Gutiérrez (2006) menciona que la comunicación verbal y no verbal puede transmitir violencia en la familia, y estos patrones de comunicación pueden trasladarse a otros ámbitos. En este sentido, la forma en que se aprende a comunicarse dentro de la familia determinará tanto la manera como el tipo de relaciones que se establecerán con otras personas en espacios académicos, laborales, sociales, del sector salud y recreativos, entre otros (Huerta, 2005).

El reconocimiento de la importancia de la comunicación familiar ha generado modelos para su abordaje y explicación. Uno de los más significativos es el de los patrones de comunicación familiar, que se enfoca en identificar la percepción individual de la comunicación existente entre los miembros de la familia. Este modelo atiende la tendencia de las familias a desarrollar una comunicación estable y predecible, entendida a través de dos dimensiones que explican el funcionamiento familiar: la orientación a la conversación, entendida como el grado en que las familias crean un ambiente que anima a sus integrantes a participar con libertad y de manera abierta en las interacciones, sin restricciones en cuanto a temas o actividades; y la orientación a la conformidad, que se refiere a una comunicación familiar que propicia la homogeneidad en actitudes, valores y creencias, buscando la uniformidad de ideas y pensamientos entre sus integrantes (Ortega et al., 2023; Uría et al., 2023; Rosales, 2018; Rivero y Martínez-Pampliega, 2010). En ambos casos, se evitan las discusiones y se resalta una adaptabilidad a los cambios, dependiendo, por ejemplo, de la edad de hijos y padres, las condiciones sociales, el sexo, la economía y la actividad laboral.

Por otro lado, las funciones de la familia enfrentan grandes retos en sus tareas de afecto, cuidado, educación y salud, siendo significativa la funcionalidad de la dinámica familiar para favorecer un ambiente de tranquilidad y protección ante los riesgos del entorno, lo cual promueve el desarrollo integral de la familia.

Reyes y Oyola (2022) resaltan que, de acuerdo con las características predominantes en el funcionamiento familiar durante su ciclo de vida, este puede clasificarse como:

a) Funcional, cuando impulsa el desarrollo de sus miembros, favorece una comunicación adecuada (libre, abierta y positiva) y asigna normas y roles definidos. Esto facilita afrontar las situaciones problemáticas que pueden atravesar sus integrantes en las diferentes etapas de la vida familiar.

b) Disfuncional, cuando la interacción de sus integrantes se ve permeada por situaciones o condiciones de riesgo que la desestabilizan, como una comunicación inadecuada, desintegración familiar, conflictos y malas conductas, violencia, entre otras. Estas condiciones deterioran las relaciones familiares e incluso afectan la salud física y psicológica de los miembros.

 

Algunos autores, basándose en evidencia empírica, sostienen que el contexto y el clima familiar, los conflictos intrafamiliares y la comunicación hostil entre padres e hijos inciden en las conductas agresivas durante la adolescencia (Garcés-Prettel et al., 2020).

Vivir en un contexto de violencia constituye una condición de riesgo que deteriora las relaciones entre los integrantes de la familia. Esto se refleja en separaciones, consumo de alcohol, tabaco y drogas, relaciones sexuales sin protección, embarazos no deseados, problemas alimenticios, depresión y abandono de los estudios, entre otros (Morales-Rodríguez y Díaz-Barajas, 2021; Reyes y Oyola, 2022).

Gallegos-Guajardo et al. (2016) mencionan que el índice de violencia en México ha incrementado, y su prevención es un tema prioritario dentro de la agenda nacional. En un estudio realizado por Medina Mora (2009, citado en Gallegos-Guajardo et al., 2016), se encontró que el 20.3 % de los participantes había sido testigo de violencia familiar durante su infancia y el 18.3 % había sido víctima de violencia severa por parte de los padres o cuidadores en ese período temprano de la vida.

Espinoza et al. (2010, citado en Gallegos-Guajardo et al., 2016) llevaron a cabo un estudio con 5484 estudiantes de entre 14 y 19 años de edad y reportaron que el 7.5 % de ellos declaró haber sido víctima de violencia física en el hogar, el 16.5 % de violencia verbal y casi el 2 % había sufrido abuso sexual.

En estos estudios se observa que la violencia en el ámbito familiar modela los comportamientos que seguirán los estudiantes en el ámbito escolar, como el bullying. Al respecto, Uribe et al. (2012, citado en Gallegos-Guajardo et al., 2016) reportaron que un alto número de estudiantes colombianos se han involucrado en bullying, ya sea como víctimas o como agresores, y describieron una clara asociación entre la ausencia de vinculación afectiva y apoyo en la familia con la emisión de conductas de enfrentamiento entre estudiantes. Cabrera-Fuentes (2011, citado en Gallegos-Guajardo et al., 2016) también encontró una relación significativa en estudiantes de Ecuador, sugiriendo que, a menor nivel de funcionalidad familiar, mayor es el nivel de bullying.

Asimismo, en las relaciones de noviazgo pueden darse estas mismas dinámicas. Cuando existen modelos de aprendizaje de violencia en la familia, con conductas agresivas y sentimientos negativos, estos tienden a repetirse en las relaciones afectivas (Martínez-Gómez et al., 2023).

Como se ha visto, la deficiencia en la comunicación puede repercutir en el funcionamiento y la dinámica de la familia, así como en la experiencia de vivir en un entorno violento, influyendo de manera directa en los estudiantes, tanto en su interacción dentro del ámbito escolar como en su rendimiento académico y sus relaciones de pareja.

Con base en lo anterior, se planteó como objetivo comparar los patrones de comunicación en dos muestras de estudiantes universitarios que mencionaron vivir o no dentro de una dinámica familiar violenta.

Método

Se realizó una investigación cuantitativa, no experimental, de tipo comparativo, en un diseño transversal.

Participantes

De un total de 735 estudiantes de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, UNAM, quienes respondieron el cuestionario, se seleccionaron 494 participantes. La muestra final incluyó a 247 estudiantes que mencionaron vivir en una dinámica familiar con violencia, equiparándolos con 247 estudiantes que indicaron no vivir en esa situación.

Escenario

La aplicación de los cuestionarios se llevó a cabo de forma virtual a través de la plataforma Google Forms.

Instrumento

Se utilizó el instrumento Patrones de comunicación familiar-R, desarrollado por Nayeli Rivero y Ana Martínez-Pampliega (2010), el cual fue validado y confiabilizado en población de estudiantes mexicanos de bachillerato y universidad. Este instrumento, compuesto por 26 ítems, evalúa la percepción del participante sobre la comunicación entre los miembros de su familia. Identifica dos dimensiones de comunicación: orientada a la conformidad y orientada a la conversación. Las respuestas se recogen en una escala Likert con cinco opciones, que van desde totalmente de acuerdo hasta totalmente en desacuerdo.

La confiabilidad del instrumento fue evaluada mediante el estadístico alfa de Cronbach, obteniendo un valor de 0.82, lo que refleja una consistencia interna aceptable. Además, se realizaron análisis factoriales exploratorios y confirmatorios, agrupando los ítems en dos factores correspondientes a las dimensiones mencionadas.

Para aumentar la consistencia interna del instrumento, se eliminaron seis ítems con cargas factoriales bajas, obteniendo un instrumento final de 20 reactivos. Este instrumento se complementó con preguntas sociodemográficas y otras relacionadas con el tema de violencia.

Procedimiento

El instrumento fue adaptado a un formulario en Google Forms y enviado a los estudiantes de todas las carreras por el personal académico de la institución. En el formulario se incluyó el objetivo de la investigación, así como el consentimiento informado, permitiendo a los participantes decidir si deseaban formar parte del estudio.

El cuestionario estuvo disponible para su respuesta durante aproximadamente dos meses. Al término de este periodo, la base de datos fue descargada para su análisis.

Análisis de los datos

El análisis se realizó utilizando el software estadístico JASP (versión 2019), de acceso gratuito. Se llevaron a cabo análisis descriptivos de la población, distribución de la muestra, frecuencias y porcentajes del instrumento total y por dimensiones. Finalmente, se aplicó una prueba estadística t de Student para determinar si existían diferencias estadísticamente significativas en la comunicación percibida por los estudiantes, dependiendo de si vivían o no en un entorno familiar violento.

Resultados

El total de participantes fue de 494, divididos en dos grupos con 247 estudiantes cada uno. El primer grupo (grupo 1) reportó vivir en un ambiente familiar con violencia, mientras que el segundo grupo (grupo 2) negó percibir violencia en su familia.

Los participantes del grupo 1 incluyeron 205 mujeres y 42 hombres, con una media de 23.8 años de edad y un promedio académico de 8.2. La distribución según la carrera fue: 114 en psicología, 36 en médico cirujano, 20 en enfermería, 24 en cirujano dentista, 3 en optometría, 42 en biología, y 8 no respondieron qué carrera cursaban.

En el grupo 2, participaron 182 mujeres y 65 hombres, con una media de edad de 23.8 años y un promedio académico de 8.4. La distribución por carrera fue: 88 en psicología, 66 en médico cirujano, 23 en enfermería, 20 en cirujano dentista, 2 en optometría, 35 en biología, y 13 no respondieron qué carrera cursaban.

Para determinar la distribución de los datos y realizar los análisis correspondientes, se aplicó la prueba de Kolmogorov-Smirnov, obteniendo un valor de p = 0.102, lo que indica que la muestra sigue una distribución normal.

Respecto a la percepción de los estudiantes sobre la comunicación en sus familias, se calculó el puntaje total del instrumento para cada participante, permitiendo la comparación de medias entre ambos grupos (ver Tabla 1).

 

Tabla 1

Percepción total de los Patrones de Comunicación

Grupo

Característica del grupo

N

Media

DT

ET

Coeficiente de variación

1

Participantes con violencia familiar

247

57.09

11.59

0.73

0.2

2

Participantes sin violencia familiar

247

67.68

12.09

0.76

0.17

 

De acuerdo con la Tabla 1, la media de comunicación fue mayor en los participantes que no reportaron violencia familiar, lo que sugiere una relación entre la violencia y la calidad de la comunicación. Para determinar si estas diferencias eran significativas, se utilizó la prueba t de Student para muestras independientes.

Los resultados mostraron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos, evidenciando que la violencia percibida en el ambiente familiar influye en la comunicación en este contexto social (ver Tabla 2).

 

Tabla 2

Contraste T de grupos de estudiantes

IC del 95% para diferencia de medias

t

gl

P

Diferencia de medias

Diferencia de error típico

Inferior

Superior

Total

9.93

492

<.001

10.58

1.06

8.49

12.68

 

Para el análisis de la comunicación, los ítems negativos se calificaron de forma inversa para obtener un puntaje total. Dado que el instrumento incluye dos dimensiones (orientación a la conversación y orientación a la conformidad), fue necesario identificar y analizar las medias de cada grupo en estas dimensiones. Los resultados se presentan en la Tabla 3.

 

Tabla 3

Resultado de medias obtenidas en las dimensiones del instrumento

Dimensión

Grupo

Características del grupo

N

Media

DT

ET

Coeficiente de variación

1

Con violencia familiar

247

32.98

12.9

0.82

0.39

Conversación

2

Sin violencia familiar

247

48.98

14.2

0.9

0.29

1

Con violencia familiar

247

24.1

5.3

0.33

0.22

Conformidad

2

Sin violencia familiar

247

18.7

5.6

0.35

0.3

 

En la Tabla 3 se observa que la media de la dimensión orientada a la conversación fue más alta en el grupo sin violencia familiar. Por otro lado, en la dimensión orientada a la conformidad, la media más alta se registró en el grupo con violencia familiar. Esto indica que las familias con un estilo de comunicación enfocado en el intercambio de ideas presentan menos condiciones de violencia.

Para confirmar la significancia de estas diferencias, en la Tabla 4 se muestran los resultados de la prueba t de Student para muestras independientes en ambas dimensiones, donde se evidencia que las diferencias son estadísticamente significativas.

 

Tabla 4

Contraste T para las dimensiones del instrumento

IC del 95% para diferencia de medias

Dimensión

t

gl

P

Diferencia de medias

Diferencia de error típico

Inferior

Superior

Conversación

13.09

492

< .001

15.99

1.22

13.5

18.3

Conformidad

-10.98

492

< .001

-5.4

0.49

-6.37

-4.4

 

De acuerdo con estos resultados, se observa una relación entre los patrones de comunicación y la presencia de violencia familiar. Las familias sin violencia familiar obtuvieron una media más alta en la dimensión orientada a la conversación. Este patrón se caracteriza por el intercambio de ideas y opiniones, promoviendo un entendimiento mutuo y la solución de problemas sin recurrir a gritos o violencia. Además, fomenta la participación activa de padres e hijos en la toma de decisiones familiares, promoviendo una comunicación abierta y diversa.

En contraste, el patrón orientado a la conformidad fue más alto en familias con violencia familiar. Este estilo no favorece el intercambio de ideas, sino que prioriza la homogeneidad de pensamientos y acciones. Esta dinámica puede limitar la libre expresión entre padres e hijos, generando conflictos que incrementan la violencia cuando no se respeta la jerarquía o no se obedece.

Discusión y conclusiones

Los patrones de comunicación familiar reflejan las tendencias de las familias respecto a las formas de comunicación en el funcionamiento familiar, identificando la percepción individual de la comunicación existente entre los integrantes. Estos patrones varían a lo largo del tiempo en la vida familiar; sin embargo, mantienen una tendencia estable y predecible (Koerner y Fitzpatrick, 2002, 2004).

El instrumento revisado que mide estos patrones de comunicación familiar (Rivero y Martínez-Pampliega, 2010) evalúa dos componentes:

1. Orientación a la conversación: Grado en que las familias crean un clima que estimula a sus integrantes a participar con libertad en múltiples interacciones, fomentando una comunicación abierta y diversa.

2. Orientación a la conformidad: Grado en que la comunicación familiar propicia la homogeneidad en actitudes, valores y creencias, reflejando obediencia y un estatus de jerarquía.

Dado que existe evidencia de que el funcionamiento familiar se ve afectado tanto por el tipo de comunicación de sus integrantes como por el ambiente que rodea las interacciones familiares, el objetivo de esta investigación fue comparar los patrones de comunicación en dos muestras de estudiantes universitarios: una donde el ambiente familiar es violento y otra en la que no lo es.

De los 735 estudiantes que respondieron los instrumentos, se seleccionaron aquellos que reportaron violencia en sus familias, conformando una muestra de 247 participantes. De los estudiantes restantes, se escogieron otros 247 que indicaron ausencia de violencia familiar, formando la segunda muestra. Las muestras no fueron igualadas, ya que no se consideró que las variables para hacerlo fueran determinantes en la comparación.

Los resultados muestran que la comunicación en general es superior en ambientes sin violencia que en contextos violentos, lo cual concuerda con lo descrito por Reyes y Oyola (2022), quienes mencionan que en familias funcionales se favorece una comunicación idónea, es decir, libre, abierta y positiva. Este tipo de comunicación permite que cada integrante manifieste emociones, sentimientos e ideas, sabiendo que será escuchado, atendido y valorado. Además, facilita la prevención de problemas y fomenta una sensación de bienestar en el ambiente familiar. También ayuda a resolver problemáticas sin recurrir a actos violentos.

Por el contrario, cuando el lenguaje no es suficiente para expresar ideas, opiniones o emociones, los integrantes de la familia recurren a actos violentos para intentar ser escuchados, lo que generalmente no resulta efectivo. Los resultados obtenidos en ambientes familiares con violencia concuerdan con lo descrito por Cabrera-Fuentes (2011, citado en Gallegos-Guajardo et al., 2016) y Morales-Rodríguez y Díaz-Barajas (2021), quienes señalan que la violencia familiar puede trasladarse al contexto escolar. Esto se evidencia en la práctica del bullying, donde los estudiantes replican la dinámica violenta observada en sus familias.

La diferencia entre las dos muestras en cuanto a los patrones de comunicación, con una diferencia de 10.58, fue estadísticamente significativa (t = 9.93, gl = 492, p < .001). Esto indica que la funcionalidad familiar está directamente afectada por la presencia o ausencia de violencia, especialmente en el tipo de comunicación que se establece.

Concordamos con otros autores (Vásquez y Ferragut, 2024; Reyes y Oyola, 2022; Romanos, 2022) en destacar la importancia de la dinámica familiar. La comunicación, junto con otros elementos como la cohesión, el manejo de conflictos, la adaptabilidad y el respeto a la autoridad, se refleja también en el ambiente social de cada integrante, contribuyendo a la formación de competencias ciudadanas. Esto implica conectar lo local (familia) con lo global (sociedad) de forma integral, siendo la formación ciudadana un reflejo de la formación familiar.

Ahora bien, como se mencionó anteriormente, los integrantes de la familia están constantemente comunicándose. La cuestión radica en: ¿Qué tipo de comunicación se elabora y reproduce en el contexto familiar? ¿Los mensajes que se transmiten tienen significados compartidos? ¿Qué es lo que se comunica? Rosales (2018) denomina “habilidades comunicativas positivas” a la comunicación que facilita la funcionalidad familiar al fomentar la cohesión y adaptabilidad entre sus integrantes. En el instrumento utilizado, esto se refiere a los patrones de comunicación orientados a la conversación.

Los resultados muestran que la media del patrón de comunicación orientado a la conversación en familias con violencia (32.98) es menor que en familias sin violencia (48.98), y esta diferencia es estadísticamente significativa (t = 13.09, gl = 492, p < .001). Esto concuerda con el concepto de habilidades comunicativas positivas, destacando que no basta con que haya comunicación, sino que es fundamental el tipo de comunicación que se establece. Por lo tanto, es necesario capacitar a las familias sobre la importancia de una comunicación positiva para el desarrollo personal, familiar, escolar y social de sus integrantes.

En cuanto al patrón de comunicación orientado a la conformidad, las familias con violencia presentan una media mayor (24.19) en comparación con las familias sin violencia (18.70). Esta diferencia también es estadísticamente significativa. Esto indica que, aunque exista comunicación, en las familias con violencia esta es más impuesta, priorizando la obediencia en un ambiente jerárquico. En este contexto, los integrantes no se comunican de manera libre, sino que simplemente repiten lo impuesto, lo que es característico de ambientes rígidos y violentos.

Esto concuerda con lo señalado por Gutiérrez (2006), quien afirma que tanto la comunicación verbal como la no verbal pueden transmitir violencia dentro de la familia, llevando estos patrones a otros contextos sociales. Tal como lo indica Huerta (2005), los patrones de comunicación aprendidos en la familia se replican en interacciones sociales.

En conclusión, la dinámica familiar es crucial para el desarrollo psicológico y social de sus integrantes. Es necesario seguir investigando y trabajando en los elementos que fortalecen la dinámica familiar y en aquellos que requieren intervención para lograr ciudadanos comprometidos con el mundo.

La familia sigue siendo un contexto privilegiado para investigar e intervenir, con resultados que no solo impactarán su dinámica interna, sino también la construcción de una sociedad más equitativa. Por ello, es vital centrar esfuerzos en promover cambios que, junto con políticas públicas, puedan ofrecer un ambiente libre de violencia y formar ciudadanos críticos, conscientes y participativos en su entorno familiar y social.

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  1. 1 Licenciada en Psicología y Doctora en Psicología Social y Ambiental. Facultad de Estudios Superiores Iztacala, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Avenida de los Barrios 1 Hab. Los Reyes Ixtacala, Tlalnepantla, Estado de México. Código postal: 54090.

    Correo electrónico: adriana.reyes@iztacala.unam.mx. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3618-6084

     

  2. 2 Licenciada en Psicología y Derecho, Maestría en Modificación de conducta y Doctora en Sociología.Facultad de Estudios Superiores Iztacala, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Avenida de los Barrios 1 Hab. Los Reyes Ixtacala, Tlalnepantla, Estado de México. Código postal: 54090. Correo electrónico: lauratv@unam.mx. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8258-0920

     

  3. 3 Licenciada en Psicología y Doctora en Psicología Social y Ambiental. Facultad de Estudios Superiores Iztacala, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Avenida de los Barrios 1 Hab. Los Reyes Ixtacala, Tlalnepantla, Estado de México. Código postal: 54090. Correo electrónico: nadia.navarro@iztacala.unam.mx. ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2014-6528

     

  4. 4 Licenciada en Psicología y Maestría en modificación de conducta. Facultad de Estudios Superiores Iztacala, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Avenida de los Barrios 1 Hab. Los Reyes Ixtacala, Tlalnepantla, Estado de México. Código postal: 54090.

    Correo electrónico: adriana.garrido@iztacala.unam.mx. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-2465-1006

     

  5. 5 Licenciada en Psicología. Facultad de Estudios Superiores Iztacala, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Avenida de los Barrios 1 Hab. Los Reyes Ixtacala, Tlalnepantla, Estado de México. Código postal: 54090. Correo electrónico: margarita.nabor@iztacala.unam.mx. ORCID: https://orcid.org/0000-0001-8330-375X